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LITERARIA

EL GUIA I

¡Corre, corre, corre! aquello era escalofriante, mecido y perdido entre muchas ramas, se desplazaba lentamente, con impotencia e iba a ser alcanzado por aquello que no tenía forma, que sentía aterrador y que deseaba hacerle daño y cuando estaba a punto de cogerlo... ¡nooooo! y cayó pesadamente al piso, por un instante musitó - ¡Otra maldita vez! - y luego volviendo en sí, despertó. Aquella pesadilla era reiterativa, solo los espacios eran siempre cambiantes. Se levantó del piso y subió nuevamente a su casa, y al ver el reloj, como siempre hora exacta, eran las 4:30 de la madrugada, que extraño, como la  anterior noche. Trato de conciliar el sueño y le era imposible, trato de no pensar ni recordar y al caer las cinco de la mañana, su reloj cucu por un instante, sonó habitualmente, se levantó y cogió el auricular, y con una patética sonrisa, saludo a su hermana que andaba en Durbai, al otro lado del continente, en Arabia eran apenas las 6 de la tarde y ya oscurecía y el sol se despedía y se disponía a saludar a José, en una nueva mañana. - ¡Hola hermanita!, ¿y como esta la bebe? ah ya entiendo. sí, mi mamá te envió el dinero con las cosas, estarán llegando el sábado , vas a la agencia, allí la recoges, ok, Te quiero mucho. Saludos a todos, si! - colgó y el celular fue lanzado por entre las almohadas algo desalineadas.
Abrió la inmensa ventana que daba hacia el despertar del sol, y sintió la brisa matinal que toco su delicado rostro. Toco levemente sus cabellos y en una desequilibrada acción estiro todo el torso y empinando los pies dio un gran bostezo de bienvenida al astro, que en leves rayos profería luz y calor. En un desborde de amanecida, se quitó aquel pijama de felpa que lo cubría y dejo el dorso desnudo para coger aquella gran toalla de coloridos personajes animados, llevósela en aquel hombro tatuado con bellos tigres de bengala y entró en la ducha y dejo corre varios cientos de m3 sobre las baldosas albinas, y cuando ya el agua tuvo una agradable temperatura entró en ella y dejo recorrer todo su cuerpo y sentir despertar por completo. Salió de la ducha y en un santiamén se vistió por completo, la hora le era apremiante, aquel uniforme que llevaba con orgullo , le reforzaba la idea de que ser guía de turismo era su pasión. Bajo las escaleras y allí la encontró a su mejor amiga, la confidente de sus penares y sonrisas, la que ponía orden en su casa, la que planteaba la economía  y el sustento de su hogar, su madre. bella de largos y castaños cabellos ensortijados en aquel bello rostro que el tiempo no podía desmerecer entre aquellos bellos ojos de miele agazapados por lo claro de su tez de rasgos serenos y cobijantes, su hermosa madre. - hijo ya esta listo tu desayuno, las patatas fritas, que me pediste, tu huevito pasado, con tostadas con mantequilla y mermelada, con tu juguito de quinua; y aprovecha hijo, que aún es temprano, no te olvides de llevar la fuente de la comida para el concurso. - si madre lo haré, gracias. ¿cómo amaneciste hoy? - la verdad, que bien, ahh!,- ¿llamaste a tu hermana,?- Sí y va a recoger el encargo.
Madre una pregunta: Tu aceptaríaas a tu hijo como es?. Ella lo miró y sin responder, dijo: ¡José vete al instituto, que ya es tarde!, pero madre... No hijo tengo mucho que hacer. Pero porqué esquivas el tema. Te dije que al instituto.... Mientras esperaba el bus, la tienda cercana a el, tenía un inmenso televisor plasma, el cual estaba emitiendo  una eufórica y alegre canción que lo hizo voltear a ver, allí un muchacho muy alegre invitaba a estudiar a todos los jóvenes a estudiar una variopinta cantidad de cursos, entre graciosos movimientos que hacía las bellas señoritas que lo acompañaban ligaban a ritmo de alegres movimientos la comparsa, no pudo contener las lágrimas - ¡por fin!, su rostro se embelleció aún más su liso y ensortijado pelo brillo más, sus mejillas enrojecidas hacían juego con los pequeños hoyos de sus mejillas que reflejaban la gran alegría que no podía dejar de a ser imperceptible. José había visto por fin el comercial que había grabado una semana antes, del instituto donde estudiaba, muy presuroso subió al  auto que lo llevaría al encuentro con la crítica, los parabienes y miradas de halago, se sentía feliz, la dicha lo embriagaba todo, olvido por instante los problemas con su madre y un nuevo día que recién empezaba lo acogía apenas y él era ya un ganador. 
 
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