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LITERARIA

INYECTABLES


Ingresé al nosocomio y la oficina del tópico se hallaba con gran concurrencia, así que tuve que esperar y hacer la famosa "cola habitual costumbre de nuestro país, algunos con  sus pequeños frascos para inyectarse otros con cremas y gasas para curaciones y tuve que ver desfilar a uno por uno, y entre todos ellos estaba un niño, el cual muy temeroso estaba incomodo allí y su madre le advertía sobre como debería de actuar frente al inyectable que le colocarían, pero ¿Quién no ha sido inyectado con una jeringa alguna vez?, ¿Quién de niño lloró alguna vez?
Cuando de niño recuerdo los memorables días en que colocarme una inyección era un dilema, me tenían de agarrar entre dos personas y que mi madre con una orden acompañada de gritos me indujera a dejarme colocarla sin moverme, lloraba como si fuesen a hacerme daño con la jeringa, mi madre ante ello llamada al señor "Marianito" quien colocaba las inyectables y él junto con mi primo mayor me agarraban con fuerza y colocaba la inyectable, pero era tanta mi desesperación que rompí en tres ocasiones distintas la aguja, lo cual era muy peligroso para mi, es más mi hermano al saber que el clocarían la inyección se subía al techo y nadie lo bajaba de allí hasta que el señor Marianito se halla ido. En una ocasión fue tanta la desesperación que tuvieron que llamar a otro vecino mayor para poder contenerlo, pues él tampoco se dejaba fácilmente colocar la inyección, además del incontrolable llanto con alaridos y gritos daba una sensación de maltrato al pobre niño, en algunas ocasiones pedía perdón ami madre para que ya no le colocará las inyectables. Era gracioso pero a la vez alarmante ver esas escenas.
El niño que andaba con su madre fue llevado a la habitación contigua y solo un grito y llanto se escucho, después salió la enfermera y  ya solo los sollozos se escuchaban del niño. Cuando uno es pequeño el impacto de ver una gran aguja que acompaña al inyectable provoca pavor y miedo, ya que generalmente la hincazon con la aguja y la colocación de los medicamentos no duelen casi nada. De niño recordaba el gran miedo y respeto que tenía alas inyecciones por ello no deseaba enfermarme, además mi madre me conminaba a no hacerlo sino - Si te enfermas ya sabes vendrá el doctor y te colocará una inyección - y cuando hacíamos travesuras con mi hermano, uy, el gran castigo sería una inyección bendita, así que para evitarla, nos tranquilizábamos.
Que nostalgia recordar el gran miedo a las inyecciones y saber que cuando uno ya es adolescente de 14 o 15, por el roche en el hospital a que alguien te escuche te haces el valiente y no lloras, ya después de ese gran paso ya uno se acostumbra a recostarse o quedarse de pie para que te la coloquen si es intramuscular o a sentarte y ver como intravenosamente  te la colocan, aunque admito que si es doloroso cuando te colocan suero o pata análisis te sacan sangre. Pero también admito que no es muy agradable colocarse inyecciones y la historia se repite con nuestros hijos, así que a hacer algo de cólera gritar, ordenar y hasta amenazar para que ellos se dejen colocar una bendita inyección. 
   
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