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LITERARIA

LITERALETRAS

LAS RIMAS DE BECQUER

Gustavo Adolfo Bécquer fue también un gran narrador y periodista. Escribió veintiocho narraciones del género leyenda, muchas de ellas pertenecientes al género del relato gótico o de terror, otras, auténticos esbozos de poesía en prosa, y otras narraciones de aventuras. María Rosa Alonso encontró en ellas siete temas principales:
  • el oriental y exótico
  • la muerte y la vida de ultratumba
  • el embrujamiento y la hechicería
  • el tema religioso
  • las inspiradas en el Romancero
  • las de tendencia animista.

Bécquer demuestra ser un prosista a la altura de los mejores de su
siglo, pero es de superior inspiración e imaginación y un maestro
absoluto en el terreno de la prosa lírica. En sus descripciones se echa
de ver el profundo amor del poeta por la naturaleza y el paisaje
castellano. Escribió además las Cartas desde mi celda en el Monasterio de Veruela, a las faldas del Moncayo adonde fue a reponerse de su tuberculosis o tisis, enfermedad entonces mortal; sus cartas desbordan vitalidad y encanto. No se ha estudiado todavía su obra periodística.


Bécquer es, a la vez, el poeta que inaugura —junto a Rosalía de Castro— la lírica moderna española y el que acierta a conectarnos de nuevo con la poesía tradicional. Las Rimas
se encuadran dentro de dos corrientes heredadas del Romanticismo: la
revalorización de la poesía popular (que la lírica culta había
abandonado en el siglo XVIII) y la llamada «estética del sentimiento».
El ideal poético de Bécquer es el desarrollar una lírica intimista,
expresada con sinceridad, sencillez de forma y facilidad de estilo.
Bécquer y sus Rimas son el umbral de la lírica en español del siglo XX. Rubén Darío, Miguel de Unamuno, los hermanos Antonio y Manuel Machado, Juan Ramón Jiménez, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso y otros lo han considerado como figura fundacional, descubridora de nuevos mundos para la sensibilidad y la forma expresiva.

Leyendas


LAS LEYENDAS DE BECQUER


LAS RIMAS

LAS RIMAS

RIMA LIII



Volverán las oscuras golondrinas

en tu balcón sus nidos a colgar,

y otra vez con el ala a sus cristales

jugando llamarán.



Pero aquellas que el vuelo refrenaban

tu hermosura y mi dicha a contemplar,

aquellas que aprendieron nuestros nombres...

¡esas... no volverán!.



Volverán las tupidas madreselvas

de tu jardín las tapias a escalar,

y otra vez a la tarde aún más hermosas

sus flores se abrirán.



Pero aquellas, cuajadas de rocío

cuyas gotas mirábamos temblar

y caer como lágrimas del día...

¡esas... no volverán!



Volverán del amor en tus oídos

las palabras ardientes a sonar;

tu corazón de su profundo sueño

tal vez despertará.



Pero mudo y absorto y de rodillas

como se adora a Dios ante su altar,

como yo te he querido...; desengáñate,

¡así... no te querrán!



RIMA XII



Porque son, niña, tus ojos

verdes como el mar, te quejas;

verdes los tienen las náyades,

verdes los tuvo Minerva,

y verdes son las pupilas

de las huríes del Profeta.



El verde es gala y ornato

del bosque en la primavera;

entre sus siete colores

brillante el Iris lo ostenta,

las esmeraldas son verdes;

verde el color del que espera,

y las ondas del océano

y el laurel de los poetas.



Es tu mejilla temprana

rosa de escarcha cubierta,

en que el carmín de los pétalos

se ve al través de las perlas.



Y sin embargo,

sé que te quejas

porque tus ojos

crees que la afean,

pues no lo creas.



Que parecen sus pupilas

húmedas, verdes e inquietas,

tempranas hojas de almendro

que al soplo del aire tiemblan.



Es tu boca de rubíes

purpúrea granada abierta

que en el estío convida

a apagar la sed con ella,



Y sin embargo,

sé que te quejas

porque tus ojos

crees que la afean,

pues no lo creas.



Que parecen, si enojada

tus pupilas centellean,

las olas del mar que rompen

en las cantábricas peñas.



Es tu frente que corona,

crespo el oro en ancha trenza,

nevada cumbre en que el día

su postrera luz refleja.



Y sin embargo,

sé que te quejas

porque tus ojos

crees que la afean:

pues no lo creas.



Que entre las rubias pestañas,

junto a las sienes semejan

broches de esmeralda y oro

que un blanco armiño sujetan.


 
Porque son, niña, tus ojos

verdes como el mar te quejas;

quizás, si negros o azules

se tornasen, lo sintieras.



RIMA I



Yo sé un himno gigante y extraño

que anuncia en la noche del alma una aurora,

y estas páginas son de ese himno

cadencias que el aire dilata en las sombras.



Yo quisiera escribirle, del hombre

domando el rebelde, mezquino idioma,

con palabras que fuesen a un tiempo

suspiros y risas, colores y notas.



Pero en vano es luchar, que no hay cifra

capaz de encerrarle; y apenas, ¡oh, hermosa!,

si, teniendo en mis manos las tuyas,

pudiera, al oído, cantártelo a solas.



RIMA XIII



Tu pupila es azul y, cuando ríes,

su claridad süave me recuerda

el trémulo fulgor de la mañana

que en el mar se refleja.



Tu pupila es azul y, cuando lloras,

las transparentes lágrimas en ella

se me figuran gotas de rocío

sobre una vïoleta.



Tu pupila es azul, y si en su fondo

como un punto de luz radia una idea,

me parece en el cielo de la tarde

una perdida estrella.



RIMA XXX



Asomaba a sus ojos una lágrima

y a mi labio una frase de perdón;

habló el orgullo y se enjugó su llanto,

y la frase en mis labios expiró.



Yo voy por un camino; ella, por otro;

pero, al pensar en nuestro mutuo amor,

yo digo aún: —¿Por qué callé aquel día?

Y ella dirá: —¿Por qué no lloré yo?



RIMA IX



Besa el aura que gime blandamente

las leves ondas que jugando riza;

el sol besa a la nube en occidente

y de púrpura y oro la matiza;

la llama en derredor del tronco ardiente

por besar a otra llama se desliza;

y hasta el sauce, inclinándose a su peso,

al río que le besa, vuelve un beso.



RIMA LXXIII



Cerraron sus ojos

que aún tenía abiertos,

taparon su cara

con un blanco lienzo,

y unos sollozando,

otros en silencio,

de la triste alcoba

todos se salieron.



La luz que en un vaso

ardía en el suelo,

al muro arrojaba

la sombra del lecho;

y entre aquella sombra

veíase a intérvalos

dibujarse rígida

la forma del cuerpo.



Despertaba el día,

y, a su albor primero,

con sus mil rüidos

despertaba el pueblo.

Ante aquel contraste

de vida y misterio,

de luz y tinieblas,

yo pensé un momento:



—¡Dios mío, qué solos

se quedan los muertos!


 
De la casa, en hombros,

lleváronla al templo

y en una capilla

dejaron el féretro.

Allí rodearon

sus pálidos restos

de amarillas velas

y de paños negros.



Al dar de las Ánimas

el toque postrero,

acabó una vieja

sus últimos rezos,

cruzó la ancha nave,

las puertas gimieron,

y el santo recinto

quedóse desierto.



De un reloj se oía

compasado el péndulo,

y de algunos cirios

el chisporroteo.

Tan medroso y triste,

tan oscuro y yerto

todo se encontraba

que pensé un momento:



¡Dios mío, qué solos

se quedan los muertos!


 
De la alta campana

la lengua de hierro

le dio volteando

su adiós lastimero.

El luto en las ropas,

amigos y deudos

cruzaron en fila

formando el cortejo.



Del último asilo,

oscuro y estrecho,

abrió la piqueta

el nicho a un extremo.

Allí la acostaron,

tapiáronle luego,

y con un saludo

despidióse el duelo.



La piqueta al hombro

el sepulturero,

cantando entre dientes,

se perdió a lo lejos.

La noche se entraba,

el sol se había puesto:

perdido en las sombras

yo pensé un momento:



¡Dios mío, qué solos

se quedan los muertos!



En las largas noches

del helado invierno,

cuando las maderas

crujir hace el viento

y azota los vidrios

el fuerte aguacero,

de la pobre niña

a veces me acuerdo.



Allí cae la lluvia

con un son eterno;

allí la combate

el soplo del cierzo.

Del húmedo muro

tendida en el hueco,

¡acaso de frío

se hielan sus huesos...!



¿Vuelve el polvo al polvo?

¿Vuela el alma al cielo?

¿Todo es sin espíritu,

podredumbre y cieno?

No sé; pero hay algo

que explicar no puedo,

algo que repugna

aunque es fuerza hacerlo,

el dejar tan tristes,

tan solos los muertos.



RIMA LXX



¡Cuántas veces, al pie de las musgosas

paredes que la guardan,

oí la esquila que al mediar la noche

a los maitines llama!



¡Cuántas veces trazó mi silueta

la luna plateada,

junto a la del ciprés, que de su huerto

se asoma por las tapias!



Cuando en sombras la iglesia se envolvía,

de su ojiva calada,

¡cuántas veces temblar sobre los vidrios

vi el fulgor de la lámpara!



Aunque el viento en los ángulos oscuros

de la torre silbara,

del coro entre las voces percibía

su voz vibrante y clara.



En las noches de invierno, si un medroso

por la desierta plaza

se atrevía a cruzar, al divisarme

el paso aceleraba.



Y no faltó una vieja que en el torno

dijese a la mañana,

que de algún sacristán muerto en pecado

acaso era yo el alma.



A oscuras conocía los rincones

del atrio y la portada;

de mis pies las ortigas que allí crecen

las huellas tal vez guardan.



Los búhos, que espantados me seguían

con sus ojos de llamas,

llegaron a mirarme con el tiempo

como a un buen camarada.



A mi lado sin miedo los reptiles

se movían a rastras;

hasta los mudos santos de granito

creo que me saludaban.



RIMA VII



Del salón en el ángulo oscuro,

de su dueña tal vez olvidada,

silenciosa y cubierta de polvo

veíase el arpa.



¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas

como el pájaro duerme en las ramas,

esperando la mano de nieve

que sabe arrancarlas!



¡Ay! pensé; ¡cuántas veces el genio

así duerme en el fondo del alma,

y una voz, como Lázaro, espera

que le diga: «¡Levántate y anda!».




RIMA XXXVIII



Los suspiros son aire y van al aire.

Las lágrimas son agua y van al mar.

Dime, mujer, cuando el amor se olvida,

¿sabes tú adónde va?



RIMA IV



No digáis que, agotado su tesoro,

de asuntos falta, enmudeció la lira;

podrá no haber poetas; pero siempre

habrá poesía.



Mientras las ondas de la luz al beso

palpiten encendidas,

mientras el sol las desgarradas nubes

de fuego y oro vista,

mientras el aire en su regazo lleve

perfumes y armonías,

mientras haya en el mundo primavera,

¡habrá poesía!



Mientras la ciencia a descubrir no alcance

las fuentes de la vida,

y en el mar o en el cielo haya un abismo

que al cálculo resista,

mientras la humanidad siempre avanzando

no sepa a dó camina,

mientras haya un misterio para el hombre,

¡habrá poesía!



Mientras se sienta que se ríe el alma,

sin que los labios rían;

mientras se llore, sin que el llanto acuda

a nublar la pupila;

mientras el corazón y la cabeza

batallando prosigan,

mientras haya esperanzas y recuerdos,

¡habrá poesía!



Mientras haya unos ojos que reflejen

los ojos que los miran,

mientras responda el labio suspirando

al labio que suspira,

mientras sentirse puedan en un beso

dos almas confundidas,

mientras exista una mujer hermosa,

¡habrá poesía!



RIMA LII



Olas gigantes que os rompéis bramando

en las playas desiertas y remotas,

envuelto entre la sábana de espumas,

¡llevadme con vosotras!



Ráfagas de huracán que arrebatáis

del alto bosque las marchitas hojas,

arrastrado en el ciego torbellino,

¡llevadme con vosotras!



Nube de tempestad que rompe el rayo

y en fuego ornáis las sangrientas orlas,

arrebatado entre la niebla oscura,

¡llevadme con vosotras!.



Llevadme, por piedad, a donde el vértigo

con la razón me arranque la memoria.

¡Por piedad! ¡Tengo miedo de quedarme

con mi dolor a solas!.

GUSTAVO ADOLFO BECQUER

GUSTAVO ADOLFO BECQUER Originario de Sevilla, España, Bécquer nació el 17 de febrero de

1836 siendo su padre un célebre pintor del costumbrismo sevillano

quien dejó huérfano a Adolfo a los cinco años; comenzó sus primeros

estudios en el colegio de San Antonio Abad, para luego pasar a tomar

la carrera náutica en el colegio de San Telmo.

A los nueve años quedó huérfano también de madre y salió del anterior

colegio para ser acogido por su madrina de bautismo. A la edad de

diecisiete años dejó a su madrina y a la buena posición que ésta

le proporcionaba para viajar a Madrid en busca de fortuna a través

del campo de las letras que se le daba con facilidad.

Como es conocido, no era fácil subsistir de la literatura y

paradójicamente, Bécquer que deseaba encontrar fortuna lo que

abundó fueron escaseces, por lo que se vio obligado a servir de

escribiente en la Dirección de Bienes Nacionales, donde su

habilidad para el dibujo era admirada por sus compañeros, pero

fue motivo de que fuera cesado al ser sorprendido por el Director

haciendo dibujos de escenas de Shakespeare. De este modo volvió

Gustavo a vivir de sus artículos literarios que eran entonces de

poca demanda por lo que alternó esta actividad con la elaboración

de pinturas al fresco.

Tiempo después encontró una plaza en la redacción de

"El Contemporáneo" y fue entonces que escribió la mayoría de sus

leyendas y las "Cartas desde mi celda".

En 1862 llegó a vivir con Bécquer su hermano Valeriano, célebre en

Sevilla por su producción pictórica pero no por eso más afortunado

que Gustavo, y juntos vivieron al día uno traduciendo novelas o

escribiendo artículos y el otro dibujando y pintando por destajo;

mucho les costó a los hermanos salir adelante de su infortunio y

con el tiempo lograron juntos una modesta estabilidad que les

permitía a uno retratar por obsequio y al otro escribir una oda

por entusiasmo.

Como legado para la literatura del mundo, Gustavo Adolfo Bécquer

dejó sus "Rimas" a través de las cuales deja ver lo melancólico y

atormentado de su vida; en el género de las leyendas escribió la

célebre "Maese Pérez el Organista", "Los ojos verdes", "Las
hojas

secas" y "La rosa de pasión" entre varias otras. Escribió esbozos

y ensayos como "La mujer de piedra", "La noche de difuntos", "Un

Drama" y "El aderezo de esmeraldas" entre una variedad similar a

la de sus leyendas. Hizo descripciones de "La basílica de Santa

Leocadia", el "Solar de la Casa del Cid" y el "Enterramiento de

Garcilaso de la Vega", entre otras. Por último, dentro del

costumbrismo o folklor español escribió "Los dos Compadres",

"Las jugadoras", la "Semana Santa en Toledo", "El café de
Fornos"

y otras más.

En septiembre de 1870 dejó de existir Valeriano, duro golpe para

Gustavo, que pronto enfermó sin ningún síntoma preciso, de pulmonía

que se convirtió luego en hepatitis para tornarse en una pericarditis

que pronto había terminar su vida el 22 de diciembre de ese mismo año.

LA ILUSION

Acudía parco a esa ilusa llamada, ¿era una cita forzada? Entre insistencia se adelantaba, pero mal no deseaba quedar ante ella, la ilusión, de saberse existente, de darse por entendido, de hacerse presente, colorario era el festejo inminente en un acisioso matrimonio dodne  se divertiase la gente, extraida la ilusión atrevida, tan casual y onminiosa presencia, dulcificaba la existencia y acuñaba que nada era en vano, y todo era una graciosa, pero rica coincidencia, que al término de su presencia, entre nubes se desencadenaba la más divina providencia.
A primera vista el desconcierto tácito, entre los visores de un automóvil, podía divisarse su magnifica figura, que llegaba con holgura, era la ilusión adquirida, la cual era convertida en real quimera, después de muchas conecciones perecederas; aunadas a ariscos,  encantos, enojos y espantos, llegó lo no pactado, lo no escrito, el conocer a la ilusión galante, descrita cual bella figura  extravagante, llena de vida, de ingenio y de actitud asertivamente excitante, dulzura hecha persona; coincidencias en noche de media luna, entre la brisa de un frio abrazador que helaba hasta las intenciones, era yo o era la ilusión, nada connotaba tal aflicción, nada presagiaba el final de la conversación, era algo deseado, pero nunca pactado, sensación que se entrelazaba por sus miradas, llenas de empatía dicha y alborozadas, por el deseo vil y cruel que ante la nada pedía se consumará; contenciones y avidez, pulcros pudores y recatos con asentimiento, contuvieron aquel creciente sentimiento de arrancar un cristalino beso mágico de los labios de la ilusión con su consentimiento, sus cristalinos vivaces ojos algo cansados pero con mucho temor fogoso, contemplaban de pies a cabeza al iluso de turno, que al parecer si con creces la pena valía y con presunciones directas, sus argumentaciones selectas, daba en catedra con mimetizaciones y propuestas, era todo tan a la perfección que jamás pensaríamos en una tremenda relación, bendecida por la ocasión sin planificación, aprehención y motivación de los dilectos ilusos por connotación.
Aventajada la dicha y sembrado el corazón un beso marcado e imaginario, se plasmó entre los dos, que ante un estruendo motorizado, en sus mentes se desvaneció, prolongada la noche hasta más no poder de sus dimes y diretes ninguno lo podía creer, parecían gemelas las intenciones y pactado el quehacer, solo iban en tren las rumorosas miradas, que con las manos heladas, la ilusión era asediada por un calor que anhelaba y que el consorte ocasional podía brindar.
De sus asientos pactaron la partida, para entregarse ante Morfeo sin apatías y saldar viejas cuentas con el estupor del frío, que los ahuyentaba discretamente al livido.
Caminaron cientos de espacios vacíos y lúgrubes pasajes, rosando varias veces sus manos que con timidez deslizaban ante cada embate u obstáculo del camino, embebidos de cansancio, ante un prolegómeno descanso, suspiraron sin aliento y mirándose fojamente, cerraron el pacto del deseo, uniendo sus labios en contrato de momento, la resequedad de algunos labios no fue impedimento que consumasen el acercaiento directo y un fuerte abrazo desequilibró en estruendoso corte eléctrico en ambos mortales cuerpos, que deseosos se entregaron uno a otro en sumidos besos eternos, bajo una media luna helada y enamorada que cubría la escena de plusvalía robada al amor, al inicio, al comienzo de algo bello, sus corazoens tiritaban y entre caricias y toques ellos se abrigaban, entregándose calor  al alma y sazón al sentir y concertando un idilio de ilusión, partiendo de la mano y perdiendose ante las luces de la ciudad que los esperaba.
Eran ya las siete y desperté por un incesante ruido de la licuadora, susrrante y tintineante sonido que asusa el sueño hasta de un oso invernando, ¡Qué bello sueño!, susurre, y en una respuesta monologada, me dije: ¿Cuándo encontraré una ilusión así?, tal ves este sueño sea una predicción de lo que me ocurrirá.
Me levante pasmado y contento la avez, triste e ilusionado, feliz, pero desconcertado, me lave los dientes, fui a desvestirme para ducharme y fue allí, que mi celular plasmó su chispeante alarma de llamada, contesté al unisonó... ¡aló!... era la ilusión, y sonreí, y  conteste , a quien podría ser el amor de mi vida.

DESCARRIADO

Alevosía para expresar indolencia entre cremosa cebada alcoholizada,
que se ingería sin cúmulo de saciedad a borbotones y que coloreaba las
sensaciones para bailar y contemplar a cual parroquiana bella , linda
que palmoteaba en su contextualizado ambiente. Ebriedad por doquier,
entre gitanos movimientos e insaciables copas y botellas que giraban
cual danzantes musas inspiradoras, sobre todos los ciudadanos asistentes
a tan frívola noche, este suceso se repetía tras cual senda pista de
movimiento carnal y estereotipado, a lo largo de todo la parte terrenal
cubierta por la oscuridad, cada bar, cada pub, discoteca,  cuchitril y
cual fonda llena de licores, cubría incontrolablemente los excesos que
cada parroquiano provocaba sin desmedro alguno, sin medir
consecutoriamente sus actos..

Al dia siguiente..... reporches, condenas, perdones, exclamaciones, quejas, reproches, lamentaciones...

los excesos del alcohol, en una noche narcotizada, alegre y jaranera.

NO BEBA EN EXCESO, CONTROLE EL ALCOHOL QUE INGIERA.

EL MODERNISMO

1. CONCEPTO

En la literatura en lengua española, el término modernismo denomina a un movimiento literario que se desarrolló entre los años 1880-1910, fundamentalmente en el ámbito de la poesía, que se caracterizó por una ambigua rebeldía creativa, un refinamiento narcisista y aristocrático, el culturalismo cosmopolita y una profunda renovación estética del lenguaje y la métrica.

Se conoce por modernismo a la forma hispánica de la crisis
universal de las letras y del espíritu y que se manifiesta en el arte,
la ciencia, la religión y la política. En ciertos aspectos su eco se
percibe en movimientos y en corrientes posteriores. En las raíces del
Modernismo hay un profundo desacuerdo con la civilización burguesa.


2. CARACTERÍSTICAS

El Modernismo’ los valores sensoriales; del segundo la concepción
de que el arte debe sugerir, y la búsqueda de efectos rítmicos dentro de
una variada musicalidad. El Modernismo también subsume, aunque con
menos importancia, corrientes estéticas como el Decadentismo y La Hermandad Prerrafaelita. Las principales características del modernismo son:

El rechazo de la realidad cotidiana, ante la cual el escritor puede huir en el tiempo (evocando épocas pasadas y mejores) o en el espacio(muchos de los poemas se desarrollan en lugares exóticos y lejanos).
Una actitud aristocratizante y cierto
preciosismo en el estilo, así como la búsqueda de la perfección formal (deinspiración parnasiana) que se aprecia no sin cierto individualismo.
La búsqueda de la belleza se consigue a través de imágenes muy plásticas y acercamiento a las artes, de una adjetivación con predominio del color y con imágenes relacionadas a todos los sentidos, así como con la musicalidad que produce el abuso de la
aliteración, los ritmos marcados y la utilización de la sinestesia (influencias del simbolismo).
Tanto la fidelidad a las grandes estrofas clásicas como las variaciones sobre los moldes métricos, utilizando versos medievales como el
alejandrino, el dodecasílabo y el eneasílabo; con aportes de nuevas variantes al soneto.
El uso de la
mitología y el sensualismo. Una renovación léxica con el uso de helenismos, cultismos y galicismos, que no buscaba tanto la precisión como el prestigio o la rareza del vocablo.
El deseo innovador que aspiraba a la perfección que apreciaban en la literatura europea.
La adaptación de la
métrica castellana a la latina.
El culto a la perfección formal, con poesía serena y equilibrada.


3. TEMAS

La temática modernista revela, por una parte, un anhelo de recreación
de armonía frente a un mundo inarmónico, y así un ansia de plenitud y
perfección; y, por otra parte, una búsqueda de raíces en la crisis que
produjo un sentimiento de desarraigo en el escritor, quien se presenta
como guía capaz de mostrarle al hombre común los valores verdaderos. Los
temas tratados son muy variados, pero estos son algunos de los más
recurrentes:

La desazón típica del romanticismo: el hastío de la vida y una profunda tristeza, junto a la melancolía y la angustia.

Búsqueda de la soledad y rechazo de una sociedad.

El escapismo, evasión de la realidad del tiempo y del espacio.

El amor y el erotismo, con cierta idealización del amor y de la mujer. El tema del amor imposible se presenta con diferencias respecto al ideal romántico. Hay un contraste entre el profundo y delicado amor y un intenso erotismo.

El cosmopolitismo muestra el anhelo de distinto y aristocrático. Los modernistas demostraban mucha devoción por París.

Los temas americanos, en especial los temas indígenas, muchas veces con una defensa del indígena.

Lo hispano como antecedente histórico valioso que otorga una armonía frente al mundo inarmónico.

4. ORÍGENES

Tradicionalmente se ha asociado su comienzo a la publicación, en 1888, de Azul..., de Rubén Darío, a causa de la innegable repercusión del libro en la literatura de Hispanoamérica.

El término modernismo designaba cierta corriente heterodoxa
de renovación religiosa, y se aplicó en el campo de las artes a
tendencias surgidas en los últimos veinte años del siglo XIX. Sus rasgos
más comunes eran un marcado anticonformismo y un esfuerzo de
renovación. En su origen el apodo de ``modernistas`` era utilizado con
un matiz despectivo. Hacia 1890, Rubén Darío y otros asumen tal
designación con insolente orgullo; a partir de entonces el término modernismo fue perdiendo valor peyorativo.

En ciertos aspectos su eco se percibe en movimientos y en corrientes posteriores.

5. REPRESENTANTES

El Modernismo cuenta con un elevado número de escritores en América.
Algunos han tenido verdadera repercusión internacional y otros han
quedado reducidos al ámbito nacional. Un aspecto común fueron los viajes
que hicieron, bien por trabajo (muchos fueron diplomáticos), bien por
ampliar sus conocimientos y conocer a otros escritores. Darío es, sin
lugar a dudas, el más influyente, pero también hay otros que entablaron
relaciones con escritores españoles.

Algunos autores que participaron de una estética semejante y publicaron en la primera mitad de la década de 1880, como José Martí, Julián del Casal, Manuel Gutiérrez Nájera, Salvador Díaz Mirón, Enrique Gómez Carrillo, Manuel González Prada, Amado Nervo José Asunción Silva, Guillermo Valencia, Enrique González Martínez y Salvador Rueda fueron considerados precursores del modernismo. La crítica actual los considera autores plenamente modernistas.

6. REPRESENTANTES EN EL PERÚ

José Santos Chocano (Lima, 1875 - Santiago de Chile, 1934)
fue un poeta y diplomático con una vida bastante agitada, recorrió
América y viajó a España, participó en política y fue asesinado por un
esquizofrénico en un tranvía. En su poesía describó su país e influyó
mucho en la poesía peruana. Se lo suele clasificar tanto como romántico
como modernista.

Manuel González Prada (Lima, 1844 - Lima, 1918), fue ensayista, pensador anarquista, poeta, director de la Biblioteca Nacional de Perú
y el mayor representante del ensayo político y del Realismo en ese
país. Por sus innovaciones poéticas es considerado uno de los
precursores del modernismo. Hizo una fuerte crítica de la sociedad, y
fue un reformista social y político. Su deseo de progreso se deja ver en
su rechazo de todo lo español, a pesar de lo cual visitó España, donde
conoció las teorías anarquistas. Residió unos siete años en Europa,
donde conoció a importantes escritores. A pesar de pertenecer a una
familia aristocrática y muy religiosa, fue excomulgado por su Páginas libres (1894).
Se identificó con las "clases bajas" de Perú antes que con su origen
hidalgo, algo que se puede ver en la manera en que acorta su nombre al
firmar sus escritos. Otras obras importantes suyas son Horas de lucha (1908), Minúsculas (1901) y Exóticas (1911).




Manuel González Prada.

Zoila Aurora Cáceres Moreno (Lima, 1872 - Madrid, 1958) es representante del Modernismo, del indigenismo y del feminismo, ya que escribió ensayos como La emancipación de la mujer. Estudió en Alemania y en París y tenía un carácter cosmopolita y fue también defensora del catolicismo. En la capital francesa empezó a escribir, cuando era esposa de Enrique Gómez Carrillo. La rosa muerta
es una novela cosmopolita modernista que, sin embargo, cambia el
concepto de la mujer en el Modernismo. Su vida fue triste por pérdidas
de familiares, por su matrimonio y por su exilio.

Clemente Palma Román era hijo del también escritor Ricardo Palma. Nació y murió en Lima (1872-1946). Leyó a escritores rusos y se nota su influencia en sus obras, así como la de Edgar Allan Poe.
Trata temas fantásticos, psicológicos, de terror y de ciencia ficción, y
muchos de sus personajes son algo perversos. Se dedicó a la prensa (Prisma, Variedades, La crónica) y fue un gran cuentista, con obras como Cuentos malévolos (1904) o Historietas Malignas (1925). Entre sus novelas más importantes están Mors ex vita y XYZ.

Abraham Valdelomar (Ica, 1888 - Ayacucho, 1919) fue un escritor muy completo, pues cultivó todos los géneros y es, junto a Clemente Palma y a Julio Ramón Ribeyro, uno de los cuentistas más importantes del Perú.
Sus experiencias infantiles, relacionadas con el campo y el mar,
influyeron enormemente en su obra posterior. Colaboró en revistas como
dibujante, poeta y cuentista. En sus inicios se ve la influencia de González Prada y de Gabriele D’Annunzio. Su obra más importante es El Caballero Carmelo, escrita en su período de diplomático en Roma. Los hijos del Sol es otra colección de cuentos.

Ventura García Calderón (París, 1886 - Ídem, 1959) fue un escritor y diplomático que vivió la mayor parte de su vida en París. Su obra, de la que buena parte está en francés, consiste sobre todo en cuentos, que tratan principalmente de fantasía, intriga y violencia y se ambientan en Perú y en lugares andinos, aunque desconocía bastante el interior del país y se notan prejuicios hacia los indígenas. Estuvo nominado al Premio Nobel de Literatura.

TRABAJO PRACTICO:

1. DESAROLLA UN ORGANIZADOR VISUAL SOBRE LOS PUNTOS MÁS IMPORTANTES DEL MODERNISMO.

2. INVESTIGA SOBRE LA VIDA Y OBRA DE:

- RUBEN DARÍO

- JOSÉ MARTÍ

3. ¿CUÁL ES LA OBRA PRINCIPAL DE JOSE SANTOS CHOCANO?

4. ¿QUIÉN FUE VENTURA GARCÍA CALDERÓN Y QUE GÉNERO LITERARIO CULTIVÓ?

5. ¿QUÉ OTRAS DENOMINACIONES TUVO EL MODERNISMO EN OTROS PAÍSES EUROPEOS?

6. ¿POR QUÉ ES IMPORTANTE EL MODERNISMO EN HISPANOAMÉRICA?

7. ¿CUÁLES SON LOS MÁS CONNOTADOS ESCRITORES MODERNISTAS HISPANOS?

8. ELABORA UN CUADRO COMPARATIVO ENTRE EL MODERNISMO Y E L POSTMODERNISMO.

9. PEGA IMAGENES EN UN MAPA ARAÑA DE LOS PRINCIPALES REPRESENTANTES Y DESTACA DOS DE SUS PRINCIPALES  OBRAS

CATARRO SENTIMENTAL

CATARRO SENTIMENTAL Pensando en el fracaso por falta de optimismo, hoy amanecí distante de mi vida, con acordes de un decepcionante despertar, alejado de todo fin supremo de ideales y enceguecido al llanto subliminal, tal vez sea por carencia de afecto que no pueda soportar tu ausencia, tu despedida ante mis cortos días, el trémulo trepidante de toda hastía vida, concluye en mi, camina hacia el estado de coma vital, para posarse dormido ante la vida sempiterna de la soledad.
Si he de respirar vida, será ante el altra que Dios ha pregonado a la muerte sepulcral, dicha ya no tengo ni regocijo de vida, porque habra una tumba y una cruz que regocijadas por una lágrima mía, han de vivir como capilla ardiente. Es extraño extrañarte y decirte que delante hay un abismo tan profundo como mi dolor, es tan aciago y funesto el sentir que consagras poca destreza del destino, que laceró mis pocos días y la poca alegría que reinaba en mi existir; y arrojado al etereo monte del desasosiego que hay intensidad de desesperación e infortunio de amar de condoler.
Amar duele, duele querer, querer nada, nada sin ti, sin ti todo, todo por nada, nada en la nada, nada de ti, de ti vacio, vacío inerte, inerte existencia, existencia quimérica.
vacilante ante la vida como un crepúsculo enigmático q destella en las noches, y que muere con el día y el amanecer, como una moribunda estrella que cae en el infinito universo de tu corazón y se desvanece en cada milimetro de amor que va hallándose despedido sideralmente.
nadie sabrá que dormí sobre el deseo de tu piel y que el egoismo del placer calco con tan intacta ilusión que bebí de tus mieles de excitación, plegados ambos cuerpos, fuimos  tú y yo, en instantes de fascinante cordura irreal, juntos, alados de pensamientos cupidianos y de Afrodita empotrados actos de sublime encanto de tu rostro.
Acudo a este preludio de frases en virtud de tu ausencia, sin poder borrar de tus manos tristes como aves moribundas el engaño y la maldad, desearía besarlas y pedir en vanas pasiones sobre tu regazo, de rodillas y llorar eternamente, un perdón latente, ínico y estridente para ser lamentado en todo el universo constatemente.