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LITERARIA

LAS LEYENDAS DE BECQUER


LAS RIMAS

LAS RIMAS

RIMA LIII



Volverán las oscuras golondrinas

en tu balcón sus nidos a colgar,

y otra vez con el ala a sus cristales

jugando llamarán.



Pero aquellas que el vuelo refrenaban

tu hermosura y mi dicha a contemplar,

aquellas que aprendieron nuestros nombres...

¡esas... no volverán!.



Volverán las tupidas madreselvas

de tu jardín las tapias a escalar,

y otra vez a la tarde aún más hermosas

sus flores se abrirán.



Pero aquellas, cuajadas de rocío

cuyas gotas mirábamos temblar

y caer como lágrimas del día...

¡esas... no volverán!



Volverán del amor en tus oídos

las palabras ardientes a sonar;

tu corazón de su profundo sueño

tal vez despertará.



Pero mudo y absorto y de rodillas

como se adora a Dios ante su altar,

como yo te he querido...; desengáñate,

¡así... no te querrán!



RIMA XII



Porque son, niña, tus ojos

verdes como el mar, te quejas;

verdes los tienen las náyades,

verdes los tuvo Minerva,

y verdes son las pupilas

de las huríes del Profeta.



El verde es gala y ornato

del bosque en la primavera;

entre sus siete colores

brillante el Iris lo ostenta,

las esmeraldas son verdes;

verde el color del que espera,

y las ondas del océano

y el laurel de los poetas.



Es tu mejilla temprana

rosa de escarcha cubierta,

en que el carmín de los pétalos

se ve al través de las perlas.



Y sin embargo,

sé que te quejas

porque tus ojos

crees que la afean,

pues no lo creas.



Que parecen sus pupilas

húmedas, verdes e inquietas,

tempranas hojas de almendro

que al soplo del aire tiemblan.



Es tu boca de rubíes

purpúrea granada abierta

que en el estío convida

a apagar la sed con ella,



Y sin embargo,

sé que te quejas

porque tus ojos

crees que la afean,

pues no lo creas.



Que parecen, si enojada

tus pupilas centellean,

las olas del mar que rompen

en las cantábricas peñas.



Es tu frente que corona,

crespo el oro en ancha trenza,

nevada cumbre en que el día

su postrera luz refleja.



Y sin embargo,

sé que te quejas

porque tus ojos

crees que la afean:

pues no lo creas.



Que entre las rubias pestañas,

junto a las sienes semejan

broches de esmeralda y oro

que un blanco armiño sujetan.


 
Porque son, niña, tus ojos

verdes como el mar te quejas;

quizás, si negros o azules

se tornasen, lo sintieras.



RIMA I



Yo sé un himno gigante y extraño

que anuncia en la noche del alma una aurora,

y estas páginas son de ese himno

cadencias que el aire dilata en las sombras.



Yo quisiera escribirle, del hombre

domando el rebelde, mezquino idioma,

con palabras que fuesen a un tiempo

suspiros y risas, colores y notas.



Pero en vano es luchar, que no hay cifra

capaz de encerrarle; y apenas, ¡oh, hermosa!,

si, teniendo en mis manos las tuyas,

pudiera, al oído, cantártelo a solas.



RIMA XIII



Tu pupila es azul y, cuando ríes,

su claridad süave me recuerda

el trémulo fulgor de la mañana

que en el mar se refleja.



Tu pupila es azul y, cuando lloras,

las transparentes lágrimas en ella

se me figuran gotas de rocío

sobre una vïoleta.



Tu pupila es azul, y si en su fondo

como un punto de luz radia una idea,

me parece en el cielo de la tarde

una perdida estrella.



RIMA XXX



Asomaba a sus ojos una lágrima

y a mi labio una frase de perdón;

habló el orgullo y se enjugó su llanto,

y la frase en mis labios expiró.



Yo voy por un camino; ella, por otro;

pero, al pensar en nuestro mutuo amor,

yo digo aún: —¿Por qué callé aquel día?

Y ella dirá: —¿Por qué no lloré yo?



RIMA IX



Besa el aura que gime blandamente

las leves ondas que jugando riza;

el sol besa a la nube en occidente

y de púrpura y oro la matiza;

la llama en derredor del tronco ardiente

por besar a otra llama se desliza;

y hasta el sauce, inclinándose a su peso,

al río que le besa, vuelve un beso.



RIMA LXXIII



Cerraron sus ojos

que aún tenía abiertos,

taparon su cara

con un blanco lienzo,

y unos sollozando,

otros en silencio,

de la triste alcoba

todos se salieron.



La luz que en un vaso

ardía en el suelo,

al muro arrojaba

la sombra del lecho;

y entre aquella sombra

veíase a intérvalos

dibujarse rígida

la forma del cuerpo.



Despertaba el día,

y, a su albor primero,

con sus mil rüidos

despertaba el pueblo.

Ante aquel contraste

de vida y misterio,

de luz y tinieblas,

yo pensé un momento:



—¡Dios mío, qué solos

se quedan los muertos!


 
De la casa, en hombros,

lleváronla al templo

y en una capilla

dejaron el féretro.

Allí rodearon

sus pálidos restos

de amarillas velas

y de paños negros.



Al dar de las Ánimas

el toque postrero,

acabó una vieja

sus últimos rezos,

cruzó la ancha nave,

las puertas gimieron,

y el santo recinto

quedóse desierto.



De un reloj se oía

compasado el péndulo,

y de algunos cirios

el chisporroteo.

Tan medroso y triste,

tan oscuro y yerto

todo se encontraba

que pensé un momento:



¡Dios mío, qué solos

se quedan los muertos!


 
De la alta campana

la lengua de hierro

le dio volteando

su adiós lastimero.

El luto en las ropas,

amigos y deudos

cruzaron en fila

formando el cortejo.



Del último asilo,

oscuro y estrecho,

abrió la piqueta

el nicho a un extremo.

Allí la acostaron,

tapiáronle luego,

y con un saludo

despidióse el duelo.



La piqueta al hombro

el sepulturero,

cantando entre dientes,

se perdió a lo lejos.

La noche se entraba,

el sol se había puesto:

perdido en las sombras

yo pensé un momento:



¡Dios mío, qué solos

se quedan los muertos!



En las largas noches

del helado invierno,

cuando las maderas

crujir hace el viento

y azota los vidrios

el fuerte aguacero,

de la pobre niña

a veces me acuerdo.



Allí cae la lluvia

con un son eterno;

allí la combate

el soplo del cierzo.

Del húmedo muro

tendida en el hueco,

¡acaso de frío

se hielan sus huesos...!



¿Vuelve el polvo al polvo?

¿Vuela el alma al cielo?

¿Todo es sin espíritu,

podredumbre y cieno?

No sé; pero hay algo

que explicar no puedo,

algo que repugna

aunque es fuerza hacerlo,

el dejar tan tristes,

tan solos los muertos.



RIMA LXX



¡Cuántas veces, al pie de las musgosas

paredes que la guardan,

oí la esquila que al mediar la noche

a los maitines llama!



¡Cuántas veces trazó mi silueta

la luna plateada,

junto a la del ciprés, que de su huerto

se asoma por las tapias!



Cuando en sombras la iglesia se envolvía,

de su ojiva calada,

¡cuántas veces temblar sobre los vidrios

vi el fulgor de la lámpara!



Aunque el viento en los ángulos oscuros

de la torre silbara,

del coro entre las voces percibía

su voz vibrante y clara.



En las noches de invierno, si un medroso

por la desierta plaza

se atrevía a cruzar, al divisarme

el paso aceleraba.



Y no faltó una vieja que en el torno

dijese a la mañana,

que de algún sacristán muerto en pecado

acaso era yo el alma.



A oscuras conocía los rincones

del atrio y la portada;

de mis pies las ortigas que allí crecen

las huellas tal vez guardan.



Los búhos, que espantados me seguían

con sus ojos de llamas,

llegaron a mirarme con el tiempo

como a un buen camarada.



A mi lado sin miedo los reptiles

se movían a rastras;

hasta los mudos santos de granito

creo que me saludaban.



RIMA VII



Del salón en el ángulo oscuro,

de su dueña tal vez olvidada,

silenciosa y cubierta de polvo

veíase el arpa.



¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas

como el pájaro duerme en las ramas,

esperando la mano de nieve

que sabe arrancarlas!



¡Ay! pensé; ¡cuántas veces el genio

así duerme en el fondo del alma,

y una voz, como Lázaro, espera

que le diga: «¡Levántate y anda!».




RIMA XXXVIII



Los suspiros son aire y van al aire.

Las lágrimas son agua y van al mar.

Dime, mujer, cuando el amor se olvida,

¿sabes tú adónde va?



RIMA IV



No digáis que, agotado su tesoro,

de asuntos falta, enmudeció la lira;

podrá no haber poetas; pero siempre

habrá poesía.



Mientras las ondas de la luz al beso

palpiten encendidas,

mientras el sol las desgarradas nubes

de fuego y oro vista,

mientras el aire en su regazo lleve

perfumes y armonías,

mientras haya en el mundo primavera,

¡habrá poesía!



Mientras la ciencia a descubrir no alcance

las fuentes de la vida,

y en el mar o en el cielo haya un abismo

que al cálculo resista,

mientras la humanidad siempre avanzando

no sepa a dó camina,

mientras haya un misterio para el hombre,

¡habrá poesía!



Mientras se sienta que se ríe el alma,

sin que los labios rían;

mientras se llore, sin que el llanto acuda

a nublar la pupila;

mientras el corazón y la cabeza

batallando prosigan,

mientras haya esperanzas y recuerdos,

¡habrá poesía!



Mientras haya unos ojos que reflejen

los ojos que los miran,

mientras responda el labio suspirando

al labio que suspira,

mientras sentirse puedan en un beso

dos almas confundidas,

mientras exista una mujer hermosa,

¡habrá poesía!



RIMA LII



Olas gigantes que os rompéis bramando

en las playas desiertas y remotas,

envuelto entre la sábana de espumas,

¡llevadme con vosotras!



Ráfagas de huracán que arrebatáis

del alto bosque las marchitas hojas,

arrastrado en el ciego torbellino,

¡llevadme con vosotras!



Nube de tempestad que rompe el rayo

y en fuego ornáis las sangrientas orlas,

arrebatado entre la niebla oscura,

¡llevadme con vosotras!.



Llevadme, por piedad, a donde el vértigo

con la razón me arranque la memoria.

¡Por piedad! ¡Tengo miedo de quedarme

con mi dolor a solas!.

GUSTAVO ADOLFO BECQUER

GUSTAVO ADOLFO BECQUER

Originario de Sevilla, España, Bécquer nació el 17 de febrero de

1836 siendo su padre un célebre pintor del costumbrismo sevillano

quien dejó huérfano a Adolfo a los cinco años; comenzó sus primeros

estudios en el colegio de San Antonio Abad, para luego pasar a tomar

la carrera náutica en el colegio de San Telmo.

A los nueve años quedó huérfano también de madre y salió del anterior

colegio para ser acogido por su madrina de bautismo. A la edad de

diecisiete años dejó a su madrina y a la buena posición que ésta

le proporcionaba para viajar a Madrid en busca de fortuna a través

del campo de las letras que se le daba con facilidad.

Como es conocido, no era fácil subsistir de la literatura y

paradójicamente, Bécquer que deseaba encontrar fortuna lo que

abundó fueron escaseces, por lo que se vio obligado a servir de

escribiente en la Dirección de Bienes Nacionales, donde su

habilidad para el dibujo era admirada por sus compañeros, pero

fue motivo de que fuera cesado al ser sorprendido por el Director

haciendo dibujos de escenas de Shakespeare. De este modo volvió

Gustavo a vivir de sus artículos literarios que eran entonces de

poca demanda por lo que alternó esta actividad con la elaboración

de pinturas al fresco.

Tiempo después encontró una plaza en la redacción de

"El Contemporáneo" y fue entonces que escribió la mayoría de sus

leyendas y las "Cartas desde mi celda".

En 1862 llegó a vivir con Bécquer su hermano Valeriano, célebre en

Sevilla por su producción pictórica pero no por eso más afortunado

que Gustavo, y juntos vivieron al día uno traduciendo novelas o

escribiendo artículos y el otro dibujando y pintando por destajo;

mucho les costó a los hermanos salir adelante de su infortunio y

con el tiempo lograron juntos una modesta estabilidad que les

permitía a uno retratar por obsequio y al otro escribir una oda

por entusiasmo.

Como legado para la literatura del mundo, Gustavo Adolfo Bécquer

dejó sus "Rimas" a través de las cuales deja ver lo melancólico y

atormentado de su vida; en el género de las leyendas escribió la

célebre "Maese Pérez el Organista", "Los ojos verdes", "Las
hojas

secas" y "La rosa de pasión" entre varias otras. Escribió esbozos

y ensayos como "La mujer de piedra", "La noche de difuntos", "Un

Drama" y "El aderezo de esmeraldas" entre una variedad similar a

la de sus leyendas. Hizo descripciones de "La basílica de Santa

Leocadia", el "Solar de la Casa del Cid" y el "Enterramiento de

Garcilaso de la Vega", entre otras. Por último, dentro del

costumbrismo o folklor español escribió "Los dos Compadres",

"Las jugadoras", la "Semana Santa en Toledo", "El café de
Fornos"

y otras más.

En septiembre de 1870 dejó de existir Valeriano, duro golpe para

Gustavo, que pronto enfermó sin ningún síntoma preciso, de pulmonía

que se convirtió luego en hepatitis para tornarse en una pericarditis

que pronto había terminar su vida el 22 de diciembre de ese mismo año.

EXPRESAMENTE SANTA ROSA DE LIMA

De los escritos de santa Rosa de Lima.

El salvador levantó la voz y dijo, con incomparable majestad:
"¡Conozcan todos que la gracia sigue a la tribulación.
Sepan que sin el peso de las aflicciones no se llega al
colmo de la gracia. Comprendan que, conforme al acre-
centamiento de los trabajos, se aumenta juntamente la
medida de los carismas. Que nadie se engañe: esta es
la única verdadera escala del paraíso, y fuera de la cruz
no hay camino por donde se pueda subir al cielo!"
Oídas estas palabras, me sobrevino un impetu pode-
roso de ponerme en medio de la plaza para gritar con
grandes clamores, diciendo a todas las personas, de cual-
quier edad, sexo, estado y condición que fuesen:
"Oíd pueblos, oíd, todo género de gentes: de parte de
Cristo y con palabras tomadas de su misma boca, yo os
aviso: Que no se adquiere gracia sin padecer aflicciones;
hay necesidad de trabajos y más trabajos, para conse-
guir la participación íntima de la divina naturaleza, la
gloria de los hijos de Dios y la perfecta hermosura del
alma."
Este mismo estímulo me impulsaba impetuosamente
a predicar la hermosura de la divina gracia, me angus-
tiaba y me hacía sudar y anhelar. Me parecía que ya no
podía el alma detenerse en la cárcel del cuerpo, sino que
se había de romper la prisión y, libre y sola, con más
agilidad se había de ir por el mundo, dando voces:
"¡Oh, si conociesen los mortales qué gran cosa es la
gracia, qué hermosa, qué noble, qué preciosa, cuántas ri-
quezas esconde en sí, cuántos tesoros, cuántos júbilos y
delicias! Sin duda emplearían toda su diligencia, afanes
y desvelos en buscar penas y aflicciones; andarían todos
por el mundo en busca de molestias, enfermedades y
tormentos, en vez de aventuras, por conseguir el tesoro
último de la constancia en el sufrimiento. Nadie se que-
jaría de la cruz ni de los trabajos que le caen en suerte,
si conocieran las balanzas donde se pesan para repartir-
los entre los hombres."

MILAGROS EXTRAORDINARIOS

MILAGROS EXTRAORDINARIOS

Extraordinarias pruebas y gracias.

Dios
concedió a su sierva gracias extraordinarias, pero también permitió que
sufriese durante quince años la persecución de sus amigos y conocidos,
en tanto que su alma se veía sumida en la más profunda desolación
espiritual.

El demonio la
molestaba con violentas tentaciones. El único consejo que supieron darle
aquellos a quienes consultó fue que comiese y durmiese más. Más tarde,
una comisión de sacerdotes y médicos examinó a la santa y dictaminó que
sus experiencias eran realmente sobrenaturales. 

Rosa
pasó los tres últimos años de su vida en la casa de Don Gonzalo de
Massa, un empleado del gobierno, cuya esposa le tenía particular cariño.
Durante la penosa y larga enfermedad que precedió a su muerte, la
oración de la joven era: "Señor, auméntame los sufrimientos, pero auméntame en la misma medida tu amor".

Dios
la llamó a Sí el 24 de agosto de 1617, a los treinta y un años de edad.
El capítulo, el senado y otros dignatarios de la ciudad se turnaron
para transportar su cuerpo al sepulcro.

El Papa Clemente X la canonizó en 1671.

Aunque
no todos pueden imitar algunas de sus prácticas ascéticas, ciertamente
nos reta a todos a entregarnos con mas pasión al amado, Jesucristo.  Es
esa pasión de amor la que nos debe mover a vivir nuestra santidad
abrazando nuestra vocación con todo el corazón, ya sea en el mundo, en
el desierto o en el claustro.

INMACULADA SANTA ROSA DE LIMA

INMACULADA SANTA ROSA DE LIMA

Nació en Lima (Perú) el año 1586; cuando
vivía en su casa, se dedicó ya a una vida de piedad y de virtud, y,
cuando vistió el hábito de la tercera Orden de santo Domingo, hizo
grandes progresos en el camino de la penitencia y de la contemplación
mística. Murió el día 24 de agosto del año 1617. Rosa de Lima, la primera santa americana
canonizada, nació de ascendencia española en la capital del Perú en
1586. Sus humildes padres son Gaspar de Flores y María de Oliva.

Aunque la niña fue bautizada con el
nombre de Isabel, se la llamaba comúnmente Rosa y ése fue el único
nombre que le impuso en la Confirmación el arzobispo de Lima, Santo Toribio. Rosa tomó a Santa Catalina de Siena por
modelo, a pesar de la oposición y las burlas de sus padres y amigos. En
cierta ocasión, su madre le coronó con una guirnalda de flores para
lucirla ante algunas visitas y Rosa se clavó una de las horquillas de la
guirnalda en la cabeza, con la intención de hacer penitencia por
aquella vanidad, de suerte que tuvo después bastante dificultad en
quitársela. Como las gentes alababan frecuentemente su belleza, Rosa
solía restregarse la piel con pimienta para desfigurarse y no ser
ocasión de tentaciones para nadie.

Santa Rosa de Lima
Santa Rosa de Lima

Una
dama le hizo un día ciertos cumplimientos acerca de la suavidad de la
piel de sus manos y de la finura de sus dedos; inmediatamente la santa
se talló las manos con barro, a consecuencia de lo cual no pudo vestirse
por sí misma en un mes. Estas y otras austeridades aún más
sorprendentes la prepararon a la lucha contra los peligros exteriores y
contra sus propios sentidos. Pero Rosa sabía muy bien que todo ello
sería inútil si no desterraba de su corazón todo amor propio, cuya
fuente es el orgullo, pues esa pasión es capaz de esconderse aun en la
oración y el ayuno. Así pues, se dedicó a atacar el amor propio mediante
la humildad, la obediencia y la abnegación de la voluntad propia.

Aunque
era capaz de oponerse a sus padres por una causa justa, jamás los
desobedeció ni se apartó de la más escrupulosa obediencia y paciencia en
las dificultades y contradicciones.

Rosa tuvo que sufrir enormemente por parte de quienes no la comprendían.

El
padre de Rosa fracasó en la explotación de una mina, y la familia se
vio en circunstancias económicas difíciles. Rosa trabajaba el día entero
en el huerto, cosía una parte de la noche y en esa forma ayudaba al
sostenimiento de la familia. La santa estaba contenta con su suerte y
jamás hubiese intentado cambiarla, si sus padres no hubiesen querido
inducirla a casarse. Rosa luchó contra ellos diez años e hizo voto de
virginidad para confirmar su resolución de vivir consagrada al Señor.

Al
cabo de esos años, ingresó en la tercera orden de Santo Domingo,
imitando así a Santa Catalina de Siena. A partir de entonces, se recluyó
prácticamente en una cabaña que había construido en el huerto. Llevaba
sobre la cabeza una cinta de plata, cuyo interior era lleno de puntas
sirviendo así como una corona de espinas. Su amor de Dios era tan
ardiente que, cuando hablaba de El, cambiaba el tono de su voz y su
rostro se encendía como un reflejo del sentimiento que embargaba su
alma. Ese fenómeno se manifestaba, sobre todo, cuando la santa se
hallaba en presencia del Santísimo Sacramento o cuando en la comunión
unía su corazón a la Fuente del Amor.

EL MODERNISMO EN ESPAÑA

Situación de
España.

Situación
social y política
Situación
cultural y artística
- A finales del siglo XIX
se van consolidando las democracias en
Europa.

- La revolución
industrial
provoca un éxodo de la población
rural hacia las ciudades. Las clases obreras se
concentran alrededor de las fábricas. Las ciudades
tuvieron que afrontar problemas diversos:

  • Dificultades para cubrir las
    necesidades básicas de la población: alimentos,
    agua potable, luz, servicios sanitarios...
  • Problemas de vivienda. Las casas
    se amontonan en los suburbios y carecen de
    condiciones higiénicas.

- El siglo XX hereda varios problemas
políticos
del anterior:

  • Se consolida el socialismo que
    defiende a los obreros frente a la burguesía
    conservadora.
  • En Europa surgen tensiones nuevas:
    el triunfo del comunismo en Rusia y la Primera
    Guerra Mundial.
  • En España se sufren conflictos
    militares con Marruecos y con las colonias de
    América.

- La ciencia y la
técnica
se desarrollan asombrosamente:

  • En 1900 se crea el Ministerio de
    Instrucción Pública, que da subvenciones
    oficiales a la enseñanza primaria. Hasta el
    momento ésta se impartía en centros creados por
    el Ayuntamiento o instituciones religiosas.
  • A finales del siglo XIX, Giner de
    los Ríos funda la Institución Libre de
    Enseñanza, que tuvo un gran prestigio entre los
    intelectuales.
  • La Biología y la Medicina avanzan
    mucho gracias a la labor investigadora de
    Santiago Ramón y Cajal, cuyos éxitos la
    valieron el Premio Nobel de Medicina en 1906.
  • En el campo de la técnica
    sobresale Narciso Monturiol con sus estudios
    sobre navegación submarina, perfeccionados más
    tarde por Isaac Peral, que creó el submarino.

- En arte aparecen
continuos movimientos estéticos,
conocidos con el nombre de -ismos (dadaísmo,
cubismo, surrealismo...), que tienen algunas
características comunes:

  • Combaten todo aquello que se
    tomaba como verdad indudable en el terreno
    artístico.
  • Adoptan una actitud de rechazo
    ante el pasado y realizan enormes esfuerzos para
    buscar caminos nuevos en el arte.



El Modernismo
Los orígenes de este movimiento literari hay que buscarlos en los poetas hispanoamericanos, al publicar el poeta nicaragüense Rubén Darío, en 1888, un libro de poesía titulado Azul.
En este libro se observa una notable influencia de la literatura francesa, sobre todo del Parnasianismo y el Simbolismo.
El Parnasianismo, con su afición por la mitología greco-latina, nórdica y oriental, y el gusto por lo plástico, despierta el gusto de lo puramente estético y decorativo.
El Simbolismo pretende descubrir la realidad escondida de las cosas (los símbolos) y la correspondencia que existe entre éstos y nuestras sensaciones (color, sonido, música...).
Podemos definir el Modernismo como un movimiento artístico que reacciona contra el Realismo acusándolo de prosaico y ramplón que busca ante todo la belleza por sí misma, los exótico, los exquisito y el Arte como única finalidad.

La renovación estética
El espíritu de protesta que caracteriza a los modernistas se traduce en un afán de buscar nuevas formas estéticas.
Los modernistas no sienten preferencia por los temas burgueses y cotidianos de los realistas; sino que prefieren los aristocráticos: palacios elegantes, jardines exóticos, princesas distinguidas. Todo está rodeado de esplendor: fuentes y estanques sobre los que se reflejan elegantes cisnes y jardines cargados de árboles y plantas.
El olímpico cisne de nieve
con el ágata rosa del pico
lustra el ala eucarística y breve
que abre al sol como un casto abanico.

Rubén Darío


Los modernistas vibran ante los sentimientos patrióticos y esperan que su país resurja con gloria: Evocan el pasado histórico de su país, con sus leyendas medievales, sus héroes, reyes y personajes famosos. Prefieren la intimidad del poeta, manifestando los sentimientos más profundos de melancolía, tristeza y nostalgia.
La métrica y la lengua se renuevan notablemente para lograr la sensación de que todo es exquisito, refinado y selecto. Se reutilizan los versos y estrofas de otras épocas, como el alejandrino del Mester de Clerecía, o se recuperan otros que ya no se empleaban, como el decasílabo y dodecasílabo. El ritmo será una de las mayores innovaciones que los modernistas apliquen a sus versos. Gracias a ello consiguen importantes efectos musicales y sonoros. Los acentos rítmicos logran reflejar sus sentimientos. Utilizan un lenguaje cargado de palabras cultas (como olímpico, áureo, ágata...), de metáforas y diversos recursos estilísticos.
Los claros clarines de pronto levantan sus sones, su canto sonoro, su cálido coro, que envuelve en un trueno de oro la augusta soberbia de los pabellones.

Rubén Darío (Marcha
Triunfal
)



Escritores modernistas
Rubén Darío

Se llamaba Félix Rubén García Sarmiento.Nació en Nicaragua en 1867 y murió en el mismo país en 1916. Al principio se dedicó al periodismo y visitó diversos países de América y Europa; en España fue diplomático. Más tarde se dedicó a sus dos pasiones predilectas: vivir y escribir poesía. Pasó por etapas de bienestar y de miseria. Una vida tan intensa y desordenada minó sus salud y murió a los 49 años.
Francia y España fueron los países que más influyeron en su poesía que se caracteriza por el cultoa la belleza pura, el arte por el arte. El color, el sonido, la palabra constituyen belleza. No interesa el contenido del poema sino su capacidad de sugerir emociones estéticas.
A los 21 años publicó su libro de poemas Azul con el que obtuvo un gran éxito. Con posterioridad publicó Cantos de vida y esperanza, un conjunto de poemas cargados de colorido y musicalidad en los que exalta la Hispanidad. Otra obra importante fue Prosas profanas.
Sonatina (Rubén Darío)
La princesa está
triste... ¿Qué tendrá la princesa?

Los suspiros se escapan de su boca de fresa,

que ha perdido la risa, que ha perdido el color.

La princesa está pálida en su silla de oro,

está mudo el teclado de su clave sonoro,

y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.

Parlanchina, la dueña dice cosas banales,

y vestido de rojo piruetea el bufón.

La princesa no ríe, la princesa no siente;

la princesa persigue por el cielo de Oriente

la libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa acaso, en el príncipe de Golconda o de China,

o en el que ha detenido su carroza argentina

para ver de sus ojos la dulzura de luz?

¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,

o en el que es soberano de los claros diamantes,

o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

¡Ay la pobre princesa de la boca de rosa

quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,

tener alas ligeras, bajo el cielo volar;

ir al sol por la escala luminosa de un rayo,

saludar a los lirios con los versos de mayo

o perderse en el viento sobre el trueno del mar.
Ya no quiere el
palacio, ni la rueca de plata,

ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,

ni los cisnes unánimes en el lago de azur.

Y están tristes las flores por la flor de la corte,

los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,

de Occidente las dalias y las rosas del Sur.

¡Pobrecita princesa de los ojos azules!

Está presa en sus oros, está presa en sus tules,

en la jaula de mármol del palacio real;

el palacio soberbio que vigilan los guardas,

que custodian cien negros con sus cien alabardas,

un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!

(La princesa está triste, la princesa está pálida)

¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!

¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe,

-la princesa está pálida, la princesa está triste,

más brillante que el alba, más hermoso que abril!

-"Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-;

en caballo con alas, hacia acá se encamina,

en el cinto la espada y en la mano el azor,

el feliz caballero que te adora sin verte,

y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,

a encenderte los labios con un beso de amor".
Juan Ramón Jiménez
Nació en Moguer (Huelva) en 1881. Tras la Guerra Civil se fue a Puerto Rico donde murió en 1958. En Madrid conoció a Rubén Darío y se sintió atraído profundamente por el Modernismo. Consagró su vida a la poesía y por ello recibió el Premio Nobel de Literatura en 1956. En su poesía no le interesa la realidad en sí misma, sino sólo la impresión que produce; busca la emoción lírica, y el ansia de belleza. Su preocupación fundamental es de tipo estético.
Sus inicios poéticos fueron modernistas y fuertemente influidos por el romanticismo de Bécquer. Es una poesía melancólica que refleja su delicado espíritu interior. A esta etapa intimista pertenece su famosísima obra Platero y yo, libro escrito en prosa poética en el que nos describe con mucha ternura la amistad del poeta con un borriquillo.
Escribió también varios libros de poemas como Diario de un poeta recién casado, Piedra y Cielo, Animal de fondo...
Platero y yo (Juan Ramón Jiménez)
Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.

Lo dejo suelto, y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes, gualdas... Lo llamo dulcemente: "¿Platero?", y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal...

Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar, los higos morados, con su cristalina gotita de miel...

Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña...; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra. Cuando paso sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo,
vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo: -Tien’asero... Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.

EL SILENCIO

Si no escucho el lamento de las aves cuando ven destruido su hogar, ni
cuando el sol escondido contra la arremetida de las infestuosas nubes se siente apagar o
si al contemplar una bella aurora matinal solo pueda palpar el frio y
el fragor de su existir puesto que mi ceguera trivial acolmataba mi ver,
mi sentir de la vida, mi llorar como un bebe entumecido ante la ausencia
de una sola plegaria de cariño, y asi como el día muere la noche ha
llegado ami vida y es la nocion mas triste de este mundo y si por ti
existía hoy declaro mi agonía, puesto que he muerto y he vaporizado m
mos sentimientos y esta cosa es la más triste de este mundo y así me
siento yo por este amor solo por ti.

Se ha desvanecido el sol en tus ojos y tu mirada sin norte y claridad ha
confesado a mis labios que ya no me deseas y estos han sufrido una
catarsis en medio de su letanía y ha confesado a la soledad que irá a
sus aposentos.

He divagado entre las noches de juerga y aplacado mi sufrimiento con
adictas noches de desvelo, engullendo ficción y fantasía del septimo
arte, he plasmado mi sentir en profundas jornadas de llanto, le he
llorado al vacío de mi pensamiento y le he suplicado al corazón que deje
de latir al sentimiento, para acallar tus recuerdos y sumergirlos en el
crisol de la amnesia del pensar del olvidar, de saber que existo o que
alguna ves fui presa del amor carnivoro y hostigante del envolverme en
sus brazos, y de conmutarse a la adición de mi inexperiencia y de
sustraerme la pasión para jamás dejarme libre sin la multiplicación de
lo racional, simplemente una operación para  potenciar la lujuria del
desamor y la sofisticada y estresante desilucion, que te plaga en medio
de la nada, que te sumerge en el inframundo de la traición, del engaño,
de la voluptuosa emoción de saberte engañado y desbarrancado por una
parte de tu corazón que latía a tu alrededor, y que te intoxica esa idea
sin razón de haber sido traicionado por amor.

Solo debo una inocente mirada y con una disculpa alada y pedirle al
firmamento que me guie a los aposentos finales sin resentimeinto para
consolar mi mente y vibrar plenamente en el ataud de mi vida que
contemplativamente ha sido enterrado en tu corazón de la desidia y que
sin flores ni lápidas decorativas haras escarnio de nuestros momentos
inolvidables, que alineados sin cronología se hayan enterrados en tus
sublimes recuerdos sin asimetria.