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MI AVATAR MOOC NARRATIVA DIGITAL

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LA CENA MACABRA II

LA CENA MACABRA II

(AUTOR:
ADOLFO RICARDO SOTELO JIMÉNEZ) En las antiguas calles moqueguanas a
mediados del sigloXX, cuando la iluminación solo la daba el sol, y que
al oscurecer cada habitante de esta pequeña ciudad se encerraba en sus
aposentes hasta el ocaso del anochecer, se suscitó la siguiente historia
que aunque la gente lo quiera negar, sabe que ocurrióy de seguro que lo
que os narraré ha de estremecer a cada lector.

Una
noche debido al retraso de la llegada de las aguas para el riego, el
señor Eladio Villegas llegó muy tarde asu casa como a la media noche,
algo cansado y asombrado por las angostas y lugrubes calles en que se
encontraba la ciudad en esas horas, en la mano traía una pica y una pala
que habían sido prestadas por uno de los vecinos del pequeño callejón
de la bayoneta llamado así por algún suceso histórico. y los cuales
había que devolver.

Los
vecinos en cuestión era hacendados que no solo tenían pequeños fundos
en el valle moqueguano, sino que también poseían tierras en el valle de
Locumba, lo cual hacía qeu estos no anduvieran mucho por la ciudad, pero
la responsabilidad de don Eladio de devolver lo prestado lo motivó a
tener ya listos las herramientas ya utilizados para su devolución
inmedita apenas se percibiera al presencia de sus dueños.

Mientras
Don Eladio Villegas conversaba con su mujer y contaba sorprendido el
panorama tétrico de la ciudad a esas horas un leve bullicio empezó a
escucharse en lso ambientes de la pequeña casona, al aprecer algunos
vecinos habían deciddo teenr una pequeña fiestecilla, ¿se conmemoraba
alguna virgen o santo? infireron, pero Don Eladio que no pudo con su
curiosidad puso el oido en su puerta y pudo entenderlo. El sonido
provenía de enfrente de su casa, eran sus vecinos, No lo podái creer
habían llegado y al parecer celebraban algo, ideal momento para entregar
las herramientas prestadas.

Corrio donde su mujer y le dijo algunas palabras

- Voy a devolver a los vecinos la pala y el pico

- sí, aprovecha que han llegado

Don
Eladio se aproximó raudo a la puerta de sus vecinos y así era, entre la
ventana que se ubicaba en el techo se veía la iluminación de candiles y
mecheros, agergados al bullicio y alborozo que se dejaban escuchar
entre los umbrales de la puerta, tocó levemente esta y se abrió casi de
inmediato. Asomando el rostro salió Doña Uberta Salas

- Vecino, que gusto, que lo trae por aquí,

- Disculpe vecina pero vengo a devolverles las herramientas que me prestó Don Lorenzo

- Que bien vecino gracias por traerlas ya las necesitabamos para el campo.

y en eso salió don Lorenzo detrás de su amada esposa:

-
Vecino que gusto´- y después de un fuerte abrazo y de que don Eladio
percibiera una frialdad en su cuerpo de Don Lorenzo, le agradeció por el
préstamo.

- Muchas gracias querido vecino, por las herramientas nos feron muy útiles

-
No tiene usted porque decirlo, mas bien me gustaría que viniese con su
esposa unos momentos para compartir la fiestecita en honor a San Juan,
que nos ha dado buenas cosechas este año, y que andamos festejando con
algunos amigos, sería un honor tenerlos aquí.

Y
Don Eladio no pudo negarse pues la invitación cordial y amable lo
motivo a ello. Se acercó asu casa y levantó a Doña Uberta y le explicó
lo sucedido, y está entendiendo la voluntad de su marido, se puso una
chalina, sus zapatos y un amplio pero abrigador vestido. LLegaron a la
puerta y esta se abrió sola y allí se podía aprovechar el jolgorio

Entraron
y los dueños de la casa los recibieron gustosos, los invitados también
los saludaron y continuó la fiesta, entre lindas melodías de guitarras a
compaces de huaynos y valses; unos riquísimos potentados de
vino circulaban en pequeñas jarras por entre los convidados.
- ¡Exquisito vino! - pronunció don Eladio al probar la riquisima y
fraganciosa bebida, de entre la cocina se dejaba olfatear una exquisito
guiso que emanaba de ella, mientras aquellos comensales que departían
amenamente, eran agricultores de Locumba que intercambiaban experiencias
y consejos con Don Eladio y doña Uberta, quienes muy animosos incluso
bailaron con los invitados y dueños de casa.

Ya
al cabo de un par de horas el exquisito plato se extraía de una gran
paila que se extendia a los invitados, que gustosos se servían, el asado
de res, que era la suculenta comida de la madrugada, después de breves
minutos los comensales dejaban percibir su apetito, pues solo huesos y
restos quedaban en las viandas que fueron terminadas rápidamente y el
riquísimo vino, que aún se bebía, combinaba muy bien con el plato.

Extrañamente
una camanchaca repentina se  asentuó en el valle y un frío
intenso recorría las calles, eran ya casi las dos de la mañana, cuando
súbitamente los dueños de casa y todos los invitados  ante la llegada de
un camión detuvieron el jolgorio. todos cogieron sus cosas y
Don Lorenzo se acerco a don Eladio y le inidcó que ya tenían que irse y
el silencio se apoderó de la casa, Se marcharon de inmediato en aquel
camión y los vecinos retornaron a su casa agradecidos, pero algo
sorprendidos por la forma en que terminó la fiesta.

Al
día siguiente ya siendo las seis de la mañana un fuerte ruido en el
portón de la casa de los Villegas despertó a Doña Uberta quien con mucha
pereza y fatiga se apresuró a abrir la puerta al desesperado visitante,
era doña Luisa Ortiz, vecina contigua quien muy angustiada venía a
contar el hecho suscitado.

- Vecina ha ocurrido algo muy trágico ¡Don Lorenzo y su esposa han fallecido! 

- ¿Qué?, ¡no puede ser! ¿cuándo?

-
Ayer vecina, como a las siete de la noche, venían en un camión de
Locumba, con algunos trabajadores y amigos, y este ha caido a un abismo y
han muerto todos los ocupantes.

- ¿Qué?, ¡no puede ser, no lo creo!, como va ser así, si ayer estuvimos con ellos, casi toda la madrugada. ¡No pueed ser!

Horrorizada
doña Uberta corrió donde su esposo lo despertó y narró lo escuchado,
era una pesadilla, como podía  haber pasado todo esto. Parecía un sueño
de terror y además la incredulidad y sopor se apoderó de ellos.

Salieron
a la calle, aún con sus pijamas, y justo en ese momento los vecinos ya
andaban comentando la noticia trágica en la calle, Don Eladio aturdido
comentaba a todos lo que había sucedido esa madrugada, pero nadie le
creía, era increíble, pues ni ruidos ni música ni fiesta ningún vecino
oyó, pero él seguía con su mujer insistiendo en lo real del hecho es
más, se apoyaba en los vestigios que recordó quedaron en la mesa: platos
de comida con algunas sobras del asado, vasos y jarras con huellas de
vino que alli quedaron, eran las pruebas sufucientes para  sus palabras.
Luego una carrosa funebre, con dos féretros, se aproximó hacia la casa,
bajaron unos familiares y procedieron a abrir las puertas de la casa,
se acercó don Eladio y fue terrible la sorpresa cuando en plena mesa
solo habían platos llenos de huesos humanos esparcidos en ella y un olor
a sangre fresca aún se percibía en el ambiente, en medio de los vasos y
jarras. Macabro hallazgo, los cuerpos de las víctimas del accidente no
pudieron ser velados allí por el impactante cuadro que había. En años
nunca nadie comentó sobre el hecho suscitado en la calle la Bayoneta.

Los
vecinos que aún quedan vivos recuerdan lo suuscitado aquel día, la casa
hoy ya ha sido demolida y sólo unos muros la cercan y resguardan,
mientras que los infortunados vecinos al cabo de unas semanas ya no
vivian en Moquegua, estos vendieron sus cosas y se fueron muy lejos, que
incluso nadie supo de ellos nunca más. AUTOR: ADOLFO RICARDO SOTELO
JIMENEZ  

MIA AVATAR DEL MOOC

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EL MOCHO TRAVIESO (cuento)

EL MOCHO TRAVIESO (cuento) (Adaptado y corregido del cuento de PIERO RAMIREZ del 2° año)
Érase un hermoso día de campo en el valle más pequeño y bello de la costa peruana, un mediano oasis en medio del desierto sureño, estaba oscureciendo y el ruido serpenteante del río y el trinar de las aves, amenizaban el ambiente, mi padre y yo descansábamos sentados en sus orillas, delante de la mediana carpa, que habíamos instalado, para  guardar nuestros enseres y dormir allí como parte del itinerario de vacaciones que sehabía planificado la familia. Mi padre contemplaba el río con nostalgia y veía correr las límpidas aguas como sisus recuerdos fluyeran con intensidad, así que pregunte: - ¿Papá qué recuerdasmás de tu niñez?,- Muy asombrado me respondió: -Son muchas cosas hijo mío,muchos recuerdos que avivan mi mente, y que añoro, pero que lamentablemente ya no volverán, por ejemplo los juegos infantiles han cambiado, antes jugábamos a las rondas, al juego de las escondidas, a los colores, los siete pecados, los trompos, las bolitas, los chochos, las sonajas, las cometas, zapatito roto e innumerables juegos que hacían una delicia el jugar-, -¡Qué interesante papá!- y continuo diciéndome: Además recuerdo los hermosos momentos que pase en el campo, como no recordar cuando sembrábamos y cosechábamos la papa, el maíz y las habas, eran nuestra delicia. Pero hay algo que recuerdo mucho de mi infancia y es que una vez tu abuelo me regaló dos pequeños libros de cuentos llamados “Agua”, y el “Torito de piel brillante” cuyo autor aún recuerdo y de seguro tú también ya lo conoces: José María Arguedas. - Claro papá conozco su biografía y algunas de sus obras más importantes -, Y él prosiguió: -¡Qué bien hijo!, y es que este escritor entre sus palabras y bellos relatos  me enseñaron a valorar la naturaleza, a cuidarla, a disfrutar de ella en armonía sin dañarla, y a cuidar de las criaturas que en ella habitan, por que como leí en la obra de  Arguedas: “cada elemento de la naturaleza es parte importante del engranaje natural”. Esto me emocionó mucho, pero mi padre me siguió relatando: - Recuerdo que mamá Justina tenía una pequeña granja en casa donde criaba gallinas, pavos, cerdos,  y los traviesos corderos y chivos los cuales solo dormían en el establo, pues todos los días por la mañana debíamos sacarlos al campo para pastar.  Todos los días íbamos al campo yo montado en un burro y al costado mi hermano Nelson y Chocho, nuestro perro quien era mi fiel compañero, el cual nos perseguía mientras nos internábamos en lo profundo de las verdes chacras, en el camino los vecino desfilaban con un amable y grato saludo: don Demetrio, don Pascual, doña Estela; íbamos cantando, brincando con silbidos además del silbido de los árboles, y los cantos de los zorzales, los chihuancos, las chocas y algunas tórtolas; y cuando llegábamos a los grandes pastizales soltábamos a los chivos y corderos, y el  burro quedaba amarrado a un árbol junto a los cañaverales con los cuales se elaboraban esteras de todo tamaño.
Cierto día sucedió algo que nos impactó  mucho y que hasta ahora lo recuerdo y eso fue el nacimiento de un corderito  muy especial, ya que en pleno traslado de los corderos su madre lo parió, fue una experiencia inolvidable, apenas nació lo vimos pararse y torpemente ponerse de pie, y pegarse al cuerpo de su madre. Llamándonos la atención sus pequeñas orejas por ello lo llamamos “mocho”.
Además cuando creció empezó a diferenciarse de todos los otros borreguitos porque era más despierto y juguetón, corría junto a Chocho y lo ayudaba a arrear a las demás ovejas, balaba cuando alguna de ellas se retrasaba y le gustaba que le sobaran su cabecita y sus pequeñas orejas, nos encariñamos mucho con él, hasta parecía que nos entendiera, pues nos hacía caso cuando lo llamábamos. Pasó el tiempo y fue creciendo más y más hasta que se convirtió en un enorme y robusto corderito por eso se convirtió en el padrillo de todas las demás ovejas e incluso algunos vecinos pedían prestado a Mocho para que se crucen con las hembras y así tener buenas crías y mejorar su raza. Mocho se hizo más adulto y continuaba siendo travieso, hasta que cierto día después de tantas travesuras, este colmó el vaso cuando al llegar todos a casa encontramos que el Mocho se había comido las papas de la cosecha que mamá Justina había escarbado y dejó un montón de papas esparcidas y mordidas por todo el canchón, al ver esto  lo quisieron golpear con una rama gruesa de sauce que trajo para la leña, pero en ese instante grité  - ¡No madre!, ¡No hagas eso!, ¡te lo suplico! No golpees al mocho. Es que tanto era mi cariño por él que no podía permitir que lo lastimaran y con lágrimas en los ojos convencí a mamá de no hacerlo.
Al día siguiente cuando íbamos a la chacra, Mocho empezó a correr desesperado a  levantar polvareda y desviarse del camino, se había vuelto loco y Nelson corrían detrás para alcanzarlo, pero este era más veloz, pues su locura se debió a que había visto una borrega y en su locura,había dañado los sembríos de choclos, de habas y algunos alfalfares. Después de la locura los vecinos nos gritaron  y dijeron que debíamos cuidarlo mejor  sino avisarían a nuestros padres, por ello tuvimos que amarrarlo con una soga   en los matorrales, nunca lo vi tan inquieto y que bufara como un toro, cuando llegó la noche lo soltamos y regresamos a casa   con el burro y con ayuda deChocho, se oía a los lejos el ladrido de algunos perros y el rebuznar de otros burros, Chocho daba muchos ladridos como si hubiera gente observándonos, los árboles parecían hombres gigantes, y de cuando en cuando el Mocho daba saltos y balidos; hasta que de pronto el Mocho escuchó el balar de otra oveja, paro suspequeñas y graciosas orejas y comenzó a correr como diablo que lleva el viento, nuevamente  levantando la polvareda, detrás el Chocho lo perseguía, dando fuertes ladridos para alcanzarlo, yo montado en mi burro di la vuelta y comencé a perseguir a Mocho, dejando solo a Nelson con las demás ovejas.Por más esfuerzos que hice no pude alcanzarlo, había cruzado el río, y avanzó hacia la otra orilla subiendo al cerro donde había otros rebaños, pero por lo avanzado de la hora decidirnos irnos y regresar al día siguiente. Así que llegamos muy rápidamente y guardamos a todo el rebaño, mamá Justina salió desesperada  y nos llamó la atención por la demora, solo callamos y no dijimos nada, cenamos y nos fuimos a descansar. Pasó unas horas y escuchamos gritos, era mamá diciendo: ¡Dónde está el Mocho! Nos tapamos con las frazadas fingiendo estar dormidos, pero cogió una rama de sauce y nos levantó de una, entre lágrimas le contamos lo sucedido y salimos en busca del Mocho, así que cruzamos el río y subimos con miedo al cerro, buscamos al Mocho llamándolo y preguntando a los vecinos que se hallaban regando, fue la madrugada más larga y fría que pasamos, hasta que de tanto caminar Nelson se sintió mal y se postró frente a una gran roca, ya no podía más, y ambos allí tratamos de descansar, pero cuando levanté la mirada me asusté terriblemente, habíamos llegado a la temida “Cueva del diablo”, lugar donde los chamanes y brujas iban a hacer sus rituales y maleficios, terriblemente asustado levanté como pude a Nelson y lo llevé corriendo hasta donde mi cuerpo resistió, y de repente algo se acercaba con rapidez a nosotros, y pensé en un final de nuestras vidas ¡Qué horror, moriríamos! Y gritamos y nos abrazamos, hasta que con un balido la cosa esa nos rozó, era el Mocho que nos había encontrado, de inmediato lo sujetamos con una soga y lo jalamos hasta llegar a casa, y fue allí donde muy enfadado, mi hermano Nelson, iba golpeando al Mocho con ira, y yo muy molesto lo grité e impedí que lo siga haciendo y finalmente cedió.
A la mañana siguiente, Nelson se levantó y estaba dando de comer a los cerdos, y al momento de vaciar el polvillo en el plato de los cerdos, el Mocho muy curioso dio un brinco y saltó sobre el plato dejando caer todo el polvillo al suelo, Nelson muy molesto cogió una vara de sauce e intento darle una paliza, cuando de pronto el Mocho saltó nuevamente y se libró de la vara, pero esta le cayó en el hocico a un cerdito y este comenzó a gritar fuertemente, tenía el hocico volteado, mi madre entró en escena y al ver lo sucedido, castigo a Nelson quien maldijo al Mocho. Por eso él ya no quería a Mocho, quería verlo muerto.
Pasó el tiempo y Mocho se hacía cada vez más viejo, Nelson cuando podía lo montaba como caballo y lo golpeaba, sin que nadie lo viera. Hasta que cierto día, una mañana cuando nos disponíamos a sacar el rebaño noté que Mocho sangraba por la nariz, me asusté mucho y llamé a mi madre, ella se asustó mucho y llamó al veterinario quien al revisarlo dijo que algunos órganos estaban dañados por golpes y que sus vertebras estaban inflamadas por algún peso que le venían poniendo, e hizo que se quedara porque aún no estaba bien. En casa su ausencia provocó tristeza y extrañeza de no verlo corretear. Y días después me emocioné cuando fuimos a recogerlo, pero al verlo vi su rostro desencajado, ya no era el mismo, con una mirada triste, lo llevamos a casa y al tercer día de febrero cuando las lluvias y los días nubosos eran parte del paisaje, el Mocho murió. Recuerdo que lo lloré mucho, y muy cerca de una encina a orillas de la acequia lo enterramos. Y Días después armado de valor conté a mis padres que fue mi hermano Nelson quien había provocado la muerte del Mocho, incluyendo los motivos del mismo, mis padres lo entendieron todo y perdonaron a mi hermano que cada vez que lo veo derrama algunas lágrimas por el noble Mocho.
Desde allí sentí como mi infancia había culminado, ya nada era igual…
Mi padre enmudeció me abrazo fuertemente y el ruido del río y una ráfaga de viento irrumpió la muestra de afecto y así mi padre terminó de contarme la historia del Mocho su corderito travieso.
Tres días después mi padre me dio una gran sorpresa, uno de sus tesoros, sus obras “Agua” y “El torito de piel brillante” las compartía conmigo, para poder entender a la naturaleza y las costumbres de nuestra gente, las cuales leí y comprendí de cuanto debemos de cuidar y amar nuestras tierras, y que de seguro yo compartiré con mis hijos algún día.

HISTORIAS DE AÑO NUEVO

HISTORIAS DE AÑO NUEVO Eran las 12 horas de la noche y la sala mal trecha era iluminada por una vela casi consumida por la indiferencia, unos ronquidos desviados y enfundados desde el fondo de la casa, daban cuenta de la cristiana y carente costumbre de celebrar el año nuevo, y al acercarse a los inusuales ruidos, eran dos viejos ancianos, un viejo matrimonio de lugareños que  vivían solos y la miseria y pobreza, mezclada con el olvido de sus familiares los habían hacinado a alejarse y refugiarse en su casa muda, la cual no recordaba en ninguna de sus paredes ni rincones ni la navidad ni el año nuevo. Las bombardas y cuetecillos explotaban a pocos metros y el tumulto de la gente condecian que el nuevo año se acercaba y las campanadas anunciaban un cuarto para las 12 de un nuevo día y de un nuevo año. Este panorama era contrario en las casas contiguas, en donde una alborozada familia, de alegres hijos, de una candida abuela, con emocionados padres,  y de primos recien llegados del norte, se abrazaban y compartian loas y parabienes de un nuevo ciclo anual que  estaba  muy, pero muy cerca, los gritos y emociones se confundian entre los parroquianos, era una fecha muy hermosa. Por ello una cuadra más abajo se quemaba un pequeño muñeco, relleno de hojas, ropa muy vieja, retazos de telas y viejas sabanas roidas por el tiempo, donde un adolescente de 14 años, sentaba en una silla de madera vieja a la creación familiar,  donde todos habían aportado con prendas y materiales para darle vida y quitarsela entre llamas unos minutosa después. Y esa alegria era mas emotiva dos cuadras más abajo, en la casa de material noble que destacaba en toda la barriada por sus  bellas cornisas, su amplio balcón y la mejor vista hacia el centro de la ciudad, con bellas columnas clasicas de madera, y de entre aquel balcón unas bellas melodias encantaban la cuadra, y en un acercameinto directo se apreciaba la hermosa mesa extensa de 16 sillas adornada con miles de artilugios, adornos y atavios que eran parte de la fecha, iluminada con infinitas luces de colores que se extendian por doquier, dandole un aspecto especial y colorido a ese lugar lleno de personas elegantemente vestidas, para celebrar una fecha en famnilia.
Al otro lado de la ciudad en un barrio mucho más pobre un grupo de niños encendia unos cuetecillos sin reparo y al libre albedrio, sin la aparente presencia de sus progenitores, quienes metros más allá libaban licor y reian por las bromas y conversación que compartían  allí reunidos... Por supuesto que la realidad con respecto al otro barrio era muy distinta pues un arenal y el material de las cass era muy rústico, el contraste marcado era inconfundible... el año nuevo era uno solo, pero als fromas de celebrar eran una multiplicidad de intenciones yy pretenciones... 
 
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SMOG DE AÑO NUEVO

SMOG DE AÑO NUEVO Las 12 ya van a dar....... la melodia se dejaba escuchar en la radio, la letra y música contagiante anunciaba el epilogo de un año que fenecia, al compas de bombardas, cuetecillos, explosiones y humaredas que contaminaban hasta el alma, era tal la saciedad y euforia de las personas que marcaban un halo de indiferencia hacia la atmosfera, del aire que respiraban, de la ausencia de una conciencia ecológica. ¡claro, era año nuevo! y se tenia que quemar muñecos, reventar bombardar, hacer explosionar cuetecillos y todo artefacto que quemara pólvora, era irresistible contagiarse de todo lo que observabas en la calle y de cuanto se  vendía para estimular la contaminación de fin de año... era imposible controlar a los compradores y vendedores que laceraban la idea de no quemar nada y esa compulsiva obsesionde devorar con el dinero todo aquello que era perfectible de compra. Me irirtaba la indiferencia humana que en contados minutos daria rienda suelta a una devastadora contaminacion de los aires de todo el mundo, con la excusa de una sordida y trivial fiesta, que solo conmemoraba la vejez de humanos, animales y del mismo planeta, las 12 ya van adar....  seguia la melodia y entonces empezó, explosiones atosigantes y el mundanal ruido carcateristico de una noche diabla y endemoniada para el ambiiente de este planeta, el cual ya habia iniciado hace horas atras en distintos lugares del mundo.
Mis vecinos extasiaban a sus niños ayudándoles a encender sus muñecos, los más adolescentes encendian petardos, bombardas, y todo aquello que habían adquirido en su paseo por el mercado, nadie pensaba en lo que hacian, colchones viejos, ropas menesterosas, cobijas, pèqueños muebles de madera, papeles de todo tiopo, menajeria en desuso y malograda, en fin todo ello eran los instrumentos que iban a parar a la hoguera, y esa escena se repetia en cientos de ciudades a la redonda, y en todas las ciudades donde se celebraba la tan mundanal fecha. nadie dijo nada, nadie murmuró, ni asintió la degradación ajena y devastadora que se poducía, todos se loaban y cumplían cabalas que  solo era motivo de  egoismo propio, un egocentrismo, puesto que la tierra, nuestro planeta, ¿que?, nadie pensaba en la gran contaminacion que se estaba provocando, musica estridente, alcohol a borbotones, comida, luces de colores llenaban el ambiente de los hogares y las calles, atonitas y silentes se bañaban llenas de un estigmatico humo, que condenaba el planeta a una lenta pero trivial agonia, este panorama se repetió por cientos de años. Y ahora que han pasado esos años y solo sobrevivimos 156 personas que no pudimos hacer nada para lograr conceintizar y salvar el planeta el cual ahora agoniza, y os que quedan aun con vida son gente como yo, que quiso salvar lo poco que quedaba de este planeta, pero es predecible que la contaminacion nos destruyó y nos habia cifrado ya el ataud donde  desacnsariamos y ademas eso causó la muerte cataclismica de casi toda la humanidad y los animales que en ella habitan.
Ya es mi turno, y solo quedamos 17 personas, ya no puedo respirar bien, el smog no me lo permite y la comida, no la veo, al parece rya no queda nada que comer,  y el agua, toda ella esta contaminada con ácido que als lluvias han depositado en ella, cada vez que llueve, es tarde, tengo frío, tengo hambre, tengo sueño, mucho sueño, y el dolor que recorre mi cuerpo se acelera, no hay salida, un mes más y ya nadie quedará con vida....

SAMUEL Y EL AMULETO

SAMUEL Y EL AMULETO En un área marginal de una pequeña ciudad nació un precoz niño, que
desde pequeño desarmaba todo objeto mecánico o con piezas que a sus
manos llegará, de vivaces ojos y destellantes pestañas, Samuel iba
creciendo, y conociendo más el mundo que le rodeaba, aunque este mundo
no era el más auspicioso para su desarrollo intelectual, ni mucho menos
el de su hogar puesto que su madre tuvo que salir sola con sus dos
hijos, ya que el padre de ellos había desaperecido tres años antes
misteriosamente, y samuel lidiaba con las enterezas que esta le iba
planteando, al ser tempranamente el hombre de la casa.

Cierto día pasaron por allí unos gitanos, los cuales cada cinco años
hacían su aparición por algunos días, tratando de vender todo objeto
disponible, los cuales entre sus amuletos y chucherías llevaban un imán
entre sus pertenencias, y fue así como vio asombrosamente como este
objeto podía desprender los colores de las cosas al ser tocado por el
imán, la ilusión óptica fue sorprendente, la gente quedó atónita, es
más  Samuel pensó que ese sería un gran instruimento que él debía de
tener, al acercarse a uno de los gitanso el niño de tan solo nueve años
preguntó si estaba a la venta y que cuanto podía costar, él imagino que
con sus  pequeños juguetes, caja de tuercas, el sencillo guardado en su
pequeña alcancía y su vieja bicicleta podían cubrir ese precio, pero la
negativa y rotundo ¡No está a la venta! lo pusieron en conocimiento.

Muy triste y con ganas de poseerlo se retiro acongojado, y pesaroso por
la noche, subió a aquel cerro que colindaba con su casa, el cual siempre
era su refugio ante las penas  de no tener cerca a su padre o las
penurias que sufría su madre y ante el pensamiento vivo; algo llamó su
atención al cielo, y las vio, vio  un cúmulo de hermosas estrellas y
entre ellas tres fulgurantes y brillosas luminosidades que caían
fugazmente  al mismo tiempo, juntas las tres; nunca antes vio tal evento
astral, y recordó de niño lo que su padre le coemtnó que él hacía, y
ante el bello espectáculo pidió un único deseo, con todas sus fuerzas.

Ya en casa, al día siguiente despertó como todas las  mañanas, ayudó a
su madre a cargar agua, a encender el fuego del fogón a leña y de 
preparar la mesa para el desayuno, ayudó a vestir a su pequeña hermanita
y se lavó y alistó para irse a su escuela, todo parecía normal, 
mientras que al dirigirse a su colegio en medio del camino, estaba allí,
sentada, era linda, de mirada tierna, una hermosa niña de  bellos ojos
verdes, conteniendo algo negro entre sus manos; él se quedó concentrado
en ella al mirarla de pies a cabeza y al auscultar la belleza
inconfundible jamás vista en ninguna otra niña de su edad; y mientrás él
quedaba asombrado, la niña volteó y se percató de la mirada, y soltó
una leve sonrisa que apaciguó cualquier verguenza o timidez.

Samuel se sentó a su lado y charlaron como si se conocieran de siempre,
de años, de toda la vida, fue tan larga la charla que Samuel no acudió a
su colegio aquel día; se contaron de todo, fue un recuerdo que jamás
olvidó, terminada la conversación, la bella niña le expresó la
consternación de no saber donde se hallaba su padre, pero que el se
merecía una nueva oportunidad en al vida para ser feliz, así que le
entregó a Samuel aquel imán, el objeto que el  deseaba tener, no lopodía
creer era imposible tener aquel imán con poderes especiales que quitaba
el color a las cosas; la niña comentó a Samuel que había observado en
su mirada y palabras una fuerte nostalgia e incesante tristeza y que
sabía que necesitaba de  una ayuda, y que él se lo merecía, y los sacó
de entre sus manos y se lo entregó, aquel amuleto hallado en lejanas y
reconditas montañas de los Andes, , expresándole que con ello ella
aplacaba la tristeza en su familia y le advirtió acerca de lo que esta
piedra hacía, indicándole que no sólo el color de los objetos los
quitaba, sino que había un poder más extraordinario que entregaba a
quien lo poseía, era la extenuante felicidad, que la traía consigo, pero
sólo en un inicio y que después se cobraba un precio elevado por la
ambición de poseerlo la desunión; y eso pasó a su familia, la cual vivió
feliz en un principio, pero que después despertó rencores y ambiciones
por poseerlo, envidias persoanles  y después la desmembración de toda su
familia, por ello pidió a Samuel que lo utilizará con sabiduría, pero
que una vez cumplidos sus deseos y logrado ser feliz, lo entregara a
otro ser que lo necesitara y que sólo sea usado lo suficiente, porque
causaba dependencia y autodestrucción, había q desacerse de él.

Después de todo un día de conversación y haber logrado la mas bella
amistad, llegó Samuel muy emocionado por todo lo vivido, al llegar acasa
su madre muy emocionada le ahló que había encontrado un mejro trabajo
que el que tenía, y que se mudarían a otro departamento más céntrico en
la ciudad. Después de terminada la cena sonó el celular de su madre la
cual muy acongojada  y sollozando entre tartamudeos repetía el nombre de
su  marido y temblando registraba  una dirección, terminado esto pidio a
los niños que cogieran sus chompas, su padre había parecido, era cierto
el se encontraba hospitalizado, al oir esto Samuel reaccionó
sorpresivamente e iba a cumplir su sueño ver nuevamente a su padre, era
el deseo que aquella noche pidió a las tres estrellas fugaces.

Llegado al hospital, que increible, en la habitación 203, había un señor
identico a él, pero más grande y con algunos bigotes y años de más, era
su padre a quien emocionado y lloroso abrazó y entre lágrimas, preguntó
porque lo había abandonado, y alli el padre explicó lo sucedido; en su
labor de minero encontró una mina a socabón al parecer de carbón,
ingresó allí y encontró una piedra imantada , perfectamente labrada y
que cuando este estuvo saliendo de la mina un grupo de gitanmos  lo
abrodaron quitaron la piedra encerraron en esa mina, caminó días enteros
dentro de ella para encontrar una salida y la halló, pero esta salida
lo llevó a un país lejano por ello le costo años regresar, aunque mal
trecho deshidratado y desfalleciente no deseaba perder a su familia.

después de la explicación, el pueblo entero premió al hijo pródigo
recién llegado y le dieron un trabajo en el municipio para sostener a su
familia, Samuel vivó los mejores años de su vida y despué sde teenr la
dicha total entregó el amuleto a otro niño que conoció cerca a su
barrio, explicándole el uso que debia darle.



La felicidad no se encuentra en objetos, sino en la predisposición positiva de las nobles almas de los seres humanos.
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LOS POROTOS TRISTES


El delicioso olor que cubría la sala era la experiencia de seguir los pasos de una provocativa receta culinaria. La noche anterior después de haber visto ciento de veces en la alacena aquella bolsa de frijoles, que se había fijado en mí, que la veía cada vez que cogía la lata de "Altomayo" para vacearla en mi taza, estaba algo aburrido y el cocinar habichuelas fue un propósito planteado para el siguiente.
Extraña ocasión que un día viernes cocinara esta plato, entre las pocos hobyes que tengo. Entré en la cocina, la prendí y por inercia puse agua, luego en la sala encendí la computadora e ingrese mi clave, en la cocina encendida ya hacía una olla con aguan calentándose, mientras esperé que cargase el programa,  la cocina a fuego rápido dejaba ya ver su trabajo con el agua, ingrese al Google y empecé a buscar los platos típicos preparados a base de fríjoles, las recetas eran cientas y los del norte del país eran los platos que más destacaban, pero los ingredientes que allí pedían no los tenía a la mano, así que busque una receta sencilla, que no encontraba y en ese proceso  el agua iba ya casi en ebullición, después de leer y buscar tanto encontré lo que buscaba, unos fríjoles criollos, leí la receta y manos ala obra. Aunque nunca los había cocinado, los había probado muchas veces y de todo color y entodas formas, y eran muy apetecibles, mi duda era ¿si realmente me saldría bien la receta o simplemente terminaría todo en el bote para los chanchos?
Cogí el poroto o habichuelas y las puse a calentar en agua a dos dedos del ras de ella, mientras las noticias daban cuenta de un accidente de tránsito, después con ají molido y cilantro que compre de la tienda ya tenía la base para el aderezo, y las 11 de la mañana premiaban, se informaba  luego que todos habían sido ya rescatados de la combi accidentada, pero dos personas se debatían entre la vida y la muerte. Eso me crispo los ánimos, mientras el poroto cocía empecé con el aderezo, ya la carne de res había sido cortada en pequeños trozos, encontré luego carne seca, y en la receta pedía jamón, tocino, salchicha o similares para echar, mande comprar con mi hermano tocino y salchichas, y cuando las trajo las incorporé a medida que iban dorando la cebolla, con el ajo, el aceite , el ají molido y el cilantro, con sal y glutamato; el olor era llamativo y apetitoso, luego eche la carne, el tocino que empezaron a cocer y expeler un aroma por toda la casa e imagino que  por las casas aledañas también, prometía el aderezo ser el plato algo interesante; luego se informaba que uno de las victimas no identificadas aún estaba en estado e coma; el caldo formado por las carnes en cocción ya hervía y ya cocidos lso porotos los heche en la olla
que delicioso olor salió de aquella olla, revolví todo lo cocinado y se conjuncionó un delicioso platillo, para finalizar había un llamado para donar sangre con urgencia, algo pasaba con uno de los heridos en el accidente. Terminada mi obra de arte culinario, estaba ya deliciosa y la olla arrocera terminaba su labor con el arroz graneadito, todo lisot puse la mesa con los mejores manteles e individuales, cubiertos recién lavados, los platos más grandes pues supe que iban a repetir, sonó el auricular y después de ello un silencio se apoderó de la casa, y aquel periodista atinoa pronunciar un nombre muy familiar para mí, era la persona en coma, y cuando reaccioné mi casa estab desierta, ningún había quedado más que yo, todo ya se hallaban en camino al hospital. Aquel día nunca lo he de olvidar, ese día los porotos se quedaron en la olla nosé cuando lavaron esa ola y si fue al chancho su contenido o simplemenye a algún basurero, lo único que sé es que  jamás en mi vida volví a cocinar porotos ni a comerlos.
Tristemente mi padre falleció ese día y todos destrozados sólo atinamos a guardar nuestros secretos culinarios, nadie cocina sólo pensionamos, y en nuestra casa no existe cocina, pues es solamente un lugar para guardar cosas viejas y roidas por el tiempo.
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